4.4.08

Minipresentación, edición #49

Bienvenidos a la edición #49 de miniTEXTOS.org. Como todos los viernes, hoy tengo el gusto de presentarles textos de cinco autores contemporáneos de América, autores que me han enviado su trabajo para compartir con ustedes.

El primero es Salvador Medina Barahona, panameño, con tres poemas breves que forman parte de un libro hermoso, "La hora de tu olvido", dolor hecho poesía, dedicado al padre que ha partido por delante. Con él, cuentos, diálogos y textos breves de Maria Eugenia Caseiro, Manuel Orestes Nieto, Mariluz Suárez Herrera y Mario Augusto Rodríguez.

Pero antes de presentarlos, quiero compartir tres excelentes minicuentos del argentino Enrique Anderson Imbert (1910-2000), el español Ramón Gómez de la Serna (1888-1963) y el chileno Vicente Huidobro (1893-1948), como antes lo hemos hecho con breves relatos o poesía de autores clásicos de otras épocas, otras regiones del planeta tierra.

Así, en total, hoy les entrego siete cuentos breves, tres poemas. Edición especial de miniTEXTOS.org que espero que disfruten tanto como lo hice yo.

JLRP, editor
www.miniTEXTOS.org

Al pie de la Biblia abierta —donde estaba señalado en rojo el versículo que lo explicaría todo— alineó las cartas: a su mujer, al juez, a los amigos. Después bebió el veneno y se acostó.

Nada. A la hora se levantó y miró el frasco. Sí, era el veneno.

¡Estaba tan seguro! Recargó la dosis y bebió otro vaso. Se acostó de nuevo. Otra hora. No moría. Entonces disparó su revolver contra la sien. ¿Qué broma era ésa? Alguien —¿pero quién, cuándo?— alguien le había cambiado el veneno por agua, las balas por cartuchos de fogueo. Disparó contra la sien las otras cuatro balas. Inútil. Cerró la Biblia, recogió las cartas y salió del cuarto en momentos en que el dueño del hotel, mucamos y curiosos acudían alarmados por el estruendo de los cinco estampidos.

Al llegar a su casa se encontró con su mujer envenenada y con sus cinco hijos en el suelo, cada uno con un balazo en la sien.

Tomó el cuchillo de la cocina, se desnudó el vientre y se fue dando cuchilladas. La hoja se hundía en las carnes blandas y luego salía limpia como del agua. Las carnes recobraban su lisitud como el agua después que le pescan el pez.

Se derramó nafta en la ropa y los fósforos se apagaban chirriando.

Corrió hacia el balcón y antes de tirarse pudo ver en la calle el tendal de hombres y mujeres desangrándose por los vientres acuchillados, entre las llamas de la ciudad incendiada.

—Enrique Anderson Imbert, El suicida


En la habitación iluminada de aquel piso vi matar a aquella mujer.

El que la mató, le dio veinte puñaladas, que la dejaron convertida en un palillero.
Yo grité. Vinieron los guardias.

Mandaron abrir la puerta en nombre de la ley, y nos abrió el mismo asesino, al que señalé a los guardias diciendo:

—Éste ha sido.

Los guardias lo esposaron y entramos en la sala del crimen. La sala estaba vacía, sin una mancha de sangre siquiera.

En la casa no había rastro de nada, y además no había tenido tiempo de ninguna ocultación esmerada.

Ya me iba, cuando miré por último a la habitación del crimen, y vi que en el pavimento del espejo del armario de luna estaba la muerta, tirada como en la fotografía de todos los sucesos, enseñando las ligas de recién casada con la muerte…

—Vean ustedes —dije a los guardias—. Vean... El Asesino la ha tirado al espejo, al trasmundo.

—Ramón Gómez de la Serna, Yo vi matar a aquella mujer

María Olga es una mujer encantadora. Especialmente la parte que se llama Olga.

Se casó con un mocetón grande y fornido, un poco torpe, lleno de ideas honoríficas, reglamentadas como árboles de paseo.

Pero la parte que ella casó era su parte que se llamaba María. Su parte Olga permanecía soltera y luego tomó un amante que vivía en adoración ante sus ojos.
Ella no podía comprender que su marido se enfureciera y le reprochara infidelidad. María era fiel, perfectamente fiel. ¿Qué tenía él que meterse con Olga? Ella no comprendía que él no comprendiera. María cumplía con su deber, la parte Olga adoraba a su amante.

¿Era ella culpable de tener un nombre doble y de las consecuencias que esto puede traer consigo?

Así, cuando el marido cogió el revolver, ella abrió los ojos enormes, no asustados sino llenos de asombro, por no poder entender un gesto tan absurdo.

Pero sucedió que el marido se equivocó y mató a María, a la parte suya, en vez de matar a la otra. Olga continuó viviendo en brazos de su amante, y creo que aún sigue feliz, muy feliz, sintiendo sólo que es un poco zurda.

—Vicente Huidobro, Tragedia

BLUES DEL CEMENTERIO (un año después) - Salvador Medina Barahona

Cardo mi corazón
ya no volaba
tu luz...
—Miguel Veyrat

Camino al cementerio

Ese modo del azul en que elegiste quedarte
me pesa
—enormemente—
como
el agua.

Lápida

Padre,
ángel roído por el trueno,
hoy he llamado a tu puerta,
áspera y fea.


Ofrenda final

Aquí donde la tarde fue pasto comido por los cerdos,
he dejado
—desnudo—
mi piel
colgada
en
tu esqueleto.


---
© 2008, Salvador Medina Barahona
Tomado del poemario "La hora del olvido" (Articsa, Panamá, 2008)
Puedes saber más del autor [[AQUÍ]]
www.miniTEXTOS.org

LIBRE - María Eugenia Caseiro

Se frotó los ojos tratando de desafiar la luz hiriente que venía de un sitio incierto. Miraba al frente, atravesando un nido de pestañas, una pared, otra, otra, y finalmente, disparó el último grito de su revólver. El humo de la pólvora, se llevó el dolor de aquella luz y le hizo libre para siempre.


---
© 2008, María Eugenia Caseiro
Puedes saber más de la autora [[AQUÍ]]
www.miniTEXTOS.org

CRIMEN Y CASTIGO - Manuel Orestes Nieto

La sombra decidió, por fin, lanzarse sobre el objeto que la proyectaba, cansada de existir subordinada, anónima y de intentar en vano ejercer su albedrío. Siempre lateral, oblicua, pisada sin ser vista y bidimensional; siempre oscura y, a la vez, larga, gorda, chata, filamentosa o imperceptible; siempre dependiente del sol, de focos, velas, linternas o fuegos. Nunca ella misma, nunca un gesto propio y autónomo.

Desplegando todo su cuerpo, dio un salto felino y arropó al objeto, sofocándolo hasta dejarlo inerte. Sintió, por primera vez, que podía moverse a su antojo, estirar los miembros, girar sobre sus pies, desplazarse. Sólo basta huir de la escena del crimen.

Pero al iniciar su ansiada carrera hacia la libertad se fue deshaciendo a pedazos, atravesada por la luz.


---
© 2008, Manuel Orestes Nieto
Puedes saber más del autor [[AQUÍ]]
www.miniTEXTOS.org

EL TIRO POR LA CULATA - Mariluz Suárez Herrera

RAMÓN: (LIMPIÁNDOSE EL ROUGE ALREDEDOR DE LOS LABIOS) Me las vas a pagar, te lo juro, me las vas a pagar. (ELLA CORRE Y SE REFUGIA EN EL BAÑO DE DAMAS)
RAMÓN: ¡Te voy a matar, te voy a matar!
MUJER: (IMPIDIÉNDOLE EL PASO) Yo también joven, preferiría muerto a mi marido que verlo con otra mujer.
RAMÓN: Y, ¿quién ha dicho que ella es mujer?


---
© 2008, Mariluz Suárez Herrera
Puedes saber más de la autora [[AQUÍ]]
www.miniTEXTOS.org

UN GRINGUITO - Mario Augusto Rodríguez

La amarillenta luz del farol de la esquina penetra dentro del cuartucho a través de la ventana abierta. La difusa claridad destaca la negra silueta de la mujer medio sentada en el camastro.

Mientras se acaricia la redonda hinchazón del vientre para palpar los movimientos del embrión, la mujer monologa con maternal ternura:

—Tendrás papá. "Papá Tomy" tendrás que llamarlo. Antes de año nuevo nos casaremos. Después, cuanto tú hayas nacido y él termine su servicio en Albrook, nos llevará con él a los Yunai Estei.

Casi en voz alta, exclama con orgullo:

—Serás gringo como tu papá. No tengas miedo, hijo mío. Él dice que allá hay muchos gringos que son negros como nosotros.

Cierra los ojos soñadoramente. Las manos acarician con suavidad la vida que palpita bajo la tensa piel del vientre.

De pronto, desde arriba, desde el cielo, deciende la furia destructora. La mujer abre la boca para soltar el grito que no sale de la garganta.

Al día siguiente, un sargento de la Fuerza Aérea norteamericana busca entre los humeantes escombros los restos de su mujer y de su hijo no nato.


---
© 2008, Mario Augusto Rodríguez
Puedes saber más del autor [[AQUÍ]]
www.miniTEXTOS.org

GRACIAS POR SEGUIR VISITÁNDONOS

Gracias, y no deje de visitarnos. Cada viernes. Cinco autores. Cinco minitextos.

Y a todas las escritoras y escritores de lengua española les invitamos a participar en este proyecto: envíe un texto breve, en cualquier género literario, con nombre, dirección y una breve ficha biográfica. Si el texto ya fue publicado, envíe también la información bibliográfica. Recuerde que al participar, también lo hará en la versión impresa de miniTEXTOS.org. Escríbanos: libros(a)one-arrow.com.