4.4.08

UN GRINGUITO - Mario Augusto Rodríguez

La amarillenta luz del farol de la esquina penetra dentro del cuartucho a través de la ventana abierta. La difusa claridad destaca la negra silueta de la mujer medio sentada en el camastro.

Mientras se acaricia la redonda hinchazón del vientre para palpar los movimientos del embrión, la mujer monologa con maternal ternura:

—Tendrás papá. "Papá Tomy" tendrás que llamarlo. Antes de año nuevo nos casaremos. Después, cuanto tú hayas nacido y él termine su servicio en Albrook, nos llevará con él a los Yunai Estei.

Casi en voz alta, exclama con orgullo:

—Serás gringo como tu papá. No tengas miedo, hijo mío. Él dice que allá hay muchos gringos que son negros como nosotros.

Cierra los ojos soñadoramente. Las manos acarician con suavidad la vida que palpita bajo la tensa piel del vientre.

De pronto, desde arriba, desde el cielo, deciende la furia destructora. La mujer abre la boca para soltar el grito que no sale de la garganta.

Al día siguiente, un sargento de la Fuerza Aérea norteamericana busca entre los humeantes escombros los restos de su mujer y de su hijo no nato.


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© 2008, Mario Augusto Rodríguez
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2 comentarios:

Songo dijo...

Esto es obra de un Maestro
Acertada disección!

José Luis RODRÍGUEZ PITTÍ dijo...

Al final, después de la retórica cargada de odios fuera de la historia y la destrucción atroz dentro de ella, lo único importante, lo único que queda, la razón para tomar la pluma, es el amor y el dolor de tres seres humanos, de la familia humana autodestruida.