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18.4.08

Minipresentación, edición #51

Bienvenidos a miniTEXTOS.org, la página dedicada a la literatura breve contemporánea. En esta edición #51, les presento el trabajo de Juan Antonio Gómez, Javier Medina Bernal, Javier Mosquera Saravia, Albalyra Franco de Linares y Consuelo Tomás, con quien anoche tuve el privilegio de tener de invitada en el coloquio y recital que tenemos una vez al mes en el restaurante La Novena en la ciudad de Panamá y en la que también participó el poeta Héctor Collado (que en miniTEXTOS.org ha aparecido en las ediciones #5, #33 y #45).

Como les confesé anoche a ambos, son poetas panameños por los que siento gran admiración, hermanos mayores que sirvieron de inspiración en mis años formativos a finales de los ochenta y durante la década de los noventa, y continúan siendo un ejemplo de cómo vivir, cómo sentir la literatura.

En la conversación, que duró casi dos horas, rememoramos el Panamá de finales del siglo XX, recordamos la juventud (Héctor incluso lloró con emoción cuando le comenté un hermoso poema suyo: "El tiempo devoró mis aviones de madera; / hizo naufragar mis barcos de papel / y descarriló, sin advertirme, / aquel tren de lata / que olvidó el lugar de la estación / y la hora del silbato. / Mi tren, / mi tren de lata / cuya locomotora continúa alejándose / adentro del niño que no volverá."), hablamos del diseño de los libros que tanto inspiran a Consuelo y que la han llevado a publicar algunas de las ediciones más originales que existen en Panamá, y escuchamos a los poetas leer poemas de varios de sus libros, además de los inéditos que nos regaló Consuelo (de los que me quedé toda la noche rememorando uno precioso para los niños de la guerra), y miramos hacia el futuro de la poesía, la literatura panameña y el arte. Noche memorable, el restaurante La Novena se llenó de buen público y en mi memoria quedó grabado el sabor inigualable del buen verso.

En fin, no pude evitar compartir esta breve memoria con ustedes, memoria de poesía con la que los dejo en este miniTEXTOS #51.

JLRP, editor
www.miniTEXTOS.org

SUPOSICIÓN - Consuelo Tomás

Y si regresas
con otra mitad que te puso el mundo
perdida ya en la memoria de la piel
bajo tus manos
ausente el gesto del antiguo abrazo
no me busques.
Te prefiero limpio y humano
como cuando nos bebimos los dos
intentando atrapar la plenitud.


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© 2008, Consuelo Tomás
Tomado de "El cuarto edén" (Epic Publications de Panamá, Panamá, 1995)
Puedes saber más de la autora [[AQUÍ]]
www.miniTEXTOS.org

21.12.07

CINCO DEDOS - Consuelo Tómas

Aquella mano larga. Larga, pecosa, huesuda, arrugada que se apoyaba en el bastón como si fuese una prolongación de su propio cuerpo. Aquella mano larga, enfermiza, alicaída, que por momentos parecía ser independiente. A veces inmóvil, a veces con esos dedos que se movían como gusanos. Nunca le miraba esos ojos vidriosos detrás de una cortina de años a aquella mujer cansada, ni el rostro que parecía venir de esos retratos amarillos de otro siglo, uno de esos rostros que habitan casas llenas de recuerdos, velatorios, figuras de santos, encajes, tíos lejanos, novios perdidos. No le miraba tampoco el cuerpo pesado encima de la mecedora balanceándose entre reuma y asma. Ni los hombros enocogidos, cubiertos siempre por una mantilla tejida y opaca, con ese color que le va saliendo a las cosas que se guardan y no se usan nunca más. No le miraba el rosario que le colgaba del cuello, ese cuello arrugado con arrugas que venían callendo de una cascada de piel definitivamente fuera de servicio. No le miraba el camafeo eternamente prendido del pecho, como si al quitárselo de allí fuera a salirse el viejo corazón castigado por la edad. En realidad sólo le miraba la mano. Fina, larga, pecosa aferrada al bastón, presa de él.

Yo era una critura aún el día en que todo ocurrió. En casa todo el mundo pensaba que ella era eterna. Nunca creía que podía suceder. Ese día le miré nuevamente la mano, cinco dedos que flotaban en el aire libres, terriblemente libres y abiertos, definitivamente lejos del bastón.

No sé cómo pude equivocar el frasco de sus medicinas, por el de aquel tremendo veneno.


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© 2007, Consuelo Tomás
Tomado de "Cuentos rotos" (INAC, Panamá, 1991)
Puedes saber más de la autora [[AQUÍ]]
www.miniTEXTOS.org

10.8.07

ÁNGELA - Consuelo Tomás

Eran los tiempos de la bienaventuranza. Todo andaba bien pero a las cinco y media de la tarde Ángela se ponía triste como una mata sin agua. Pasaba el camión cargado de vacas apretujadas, ignorantes de su destino de tasajo y bofes; destino triste del que sólo ella, Ángela, era testigo a las cinco y media de su tristeza diarai. Todo el bullicio de su edad se oscurecía y adoptaba un tono de madurez impropia de sus años. El camión pasaba allí abajo de su balcón de madera y ella entablaba una secreta solidaridad con las condenadas a muerte.

Pasaron los años destiñiendo un poco el color de todas las cosas y trayendo otras nuevas. Ángela había crecido y ya no era más la niña de entonces. Pero el camión seguía pasando a las cinco y media hacia el matadero y Ángela había trasmutado su tristeza infantil, su piedad ingenua, sus lagrimitas sucias de niñita flaca y pobre, por una inmensa rabia, por un callado odio que ella no ocultaba a las cinco y media cuando el camión pasaba, ya no cargado de vacas, sino de hombres.

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(c) 2007, Consuelto Tomás
Tomado de "Cuentos rotos" (Panamá, INAC, 1991)
Puede saber más de la autora [[AQUÍ]].