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25 de abril de 2008

LA FIESTA - Manuel Orestes Nieto

La fiesta del viernes por la noche terminó como siempre. Los amigos se fueron bamboleando y ellos apagaron las luces.

El cubito de hielo, aún flotando en un dedo de ron, le dijo a la colilla de cigarrillo:

—¿Te diste cuenta? Toda la noche hablando de lo mismo. Todos los viernes repitiendo las mismas tonterías. Siempre los mismos chistes malos.

Y ella, sin comentarios, aburrida hasta el filtro, le dijo:

—¿Qué te parece si vamos a dar una vuelta, nos divertimos un poco y salvamos el resto de la noche?


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© 2008, Manuel Orestes Nieto
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EL BILLETE GANADOR - Eduardo Soto

Conducía por Calidonia el auto que le debo al banco, y la he visto. Se bajaba por el lado del conductor de un carro doble tracción color champaña, con rines de lujo y tres hileras de asientos forrados con piel. Iba dentro de una blusita rosa y un diablo fuerte ceñido que, obsequioso, exponía al escrutinio público una carnalidad preciosa, firme y líquida a la vez, con unas joyas imperiales que hace treinta años no tenía. Se veía como una mujer hecha y derecha, de esas que no tienen prisas porque ya aprendieron a conjurar el incendio del volcán despierto que se agita en sus profundidades, y que sólo se desata en estropicio cuando ellas dan la voz de mando.

Llevaba el cabello recogido, lo que me permitió volver a mirar el cuello blanco y largo de otros tiempos, que ponía tenso cuando yo la aferraba para besarla a la fuerza, siendo entonces una niñita que todavía no soñaba con poseer el don de malabarista que se necesita para manejar el par de tacones que, esa tarde cuando la he visto, le hacían ver muchas pulgadas más alta de lo que realmente es.

"¡Cómo has cambiado, mujer!", dije en voz baja, pero con el tono de grito íntimo que tienen las lamentaciones cuando perdemos en la lotería. Y así fue que me sentí, un perdedor, y paso a explicar por qué.

Ella y yo fuimos lo que siendo púberes llamamos "novios", del tipo que surge en la escuela, cuando empiezan a gustarnos las chicas al mismo tiempo que nos molestan los pelos que aparecen como hierba mala por todo el cuerpo, cuando nos cambia la voz, y una y otra vez despertamos húmedos y verticales en las mañanas, mientras nos rehusamos a dejar las pistolas de salva, los trenes de juguete, y los muñecos G.I. Joe del vecino.

En ese tiempo la niña era flaca y bastante fea. Por eso aquel noviazgo para mí era temporal, como un diente de leche, que usaba para llegar a otra chica, una muchachota de cabellos largos y figura exuberante y salvaje que a todos nos traía locos. La flacucha me sirvió para obtener información estratégica sobre el objetivo: sus puntos débiles y sus fortalezas, sus gustos y fobias, virtudes y defectos y, por fin, el número de teléfono. Cuando tuve lo que quería, eché a un lado a la ingenua y pálida, de dentadura irregular atenazada con alambres, siempre aprisionada en aquella falda larga de convento, con voz de pajarita y ojos tristes que no hacían otra cosa que mirarme con boba languidez (en esos días yo era algo atlético, y mis buenas notas me tenían en posición privilegiada con algunas niñas). Le dije sin tapujos que me harté y que por favor no me llamara más. Hasta el sol de hoy ha sido así.

En aquellos días, cuando gocé con ser perverso y corrupto en los asuntos del corazón, cual político o empresario de hoy que usa la felicidad de otros como moneda de cambio para colmar sus voracidades, no me imaginé que ella se convertiría en el sol que vi aquella tarde. Nunca creí que debajo de la piel de esa chiquilla sin gracia se escondía semejante lindura, que esperó a que diera la espalda para salir a la luz, y vino a toparse conmigo una treintena de años después, provocándome el dolor de pecho que agobia a quienes, después de los sorteos de la lotería, se dan cuenta que tuvieron el billete ganador en sus manos, y lo desecharon en un repentino acceso de idiotez.


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© 2008, Eduardo Soto
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EL TATUAJE - José Córdova

La mulata francesa Claris se hace tatuar una pistola en cada nalga bien nutrida. Siguiendo el ritual de la bruja grande de Bocas del Toro, ya que así estaría protegida del violador en serie, y en serio, que estaba acabando con blancas, indias, mulatas y mestizas.

Al ser atacada en playa solitaria, a la luz de la luna cómplice, se defendió quitándose rápidamente el bikini. La policía se asombró de la fácil muerte del antisocial y siguen sin localizar el arma homicida.


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© 2008, José Córdova
Tomado de "2 veces breve dos" (Santiago, Chile, 2008)
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FANTASMAS EN APURO - Francisco Restom Bitar

Desesperada, Paloma del Carmen Zarzamorano y sus dos pequeñas hijas lloraban al borde del puente, mirando hacía el caudaloso río, mientras los rescatistas buscaban con afán el cuerpo de Aureliano de la Cruz Trespalacios, amante esposo y padre que había sufrido un accidente mortal.

Ochenta y tres horas después de vana búsqueda, el cuerpo de bomberos solo había podido rescatar la vieja Harley-Davidson que Paloma del Carmen odiaba, porque en el fondo de sus grandes ojos azul turquesa su cerebro la proyectaba como una mujer toda vestida de negro, volando acaballada con su marido en el vehículo aquel, haciendo más ruidos que los cielos atronadores del invierno.

El jefe de bomberos y otros socorristas, en operaciones arriesgadas, emplearon toda su pericia y equipos técnicos disponibles para peinar el área varias veces en búsqueda del fenecido Aureliano de la Cruz, hasta que suspendieron con resignación la fatigosa tarea, cuyos costos afectaron las escuálidas arcas del municipio.

Desde ese día, Paloma del Carmen guardó luto riguroso por la muerte de su amado.

En la oscuridad de la trigésima noche del nefasto suceso, la mujer se retiró a su habitación para entregarse a sus pesadillas de entierros fúnebres, cuando de repente se le apareció a pocos pasos un fantasma de saco y corbata que le hablaba con una voz que a ella le pareció de ultratumba, haciéndole ademanes indescifrables. La mujer gritó aterrorizada, invadiendo la casa con su miedo, pero el fantasma le suplicó que guardara silencio, identificándose como Aureliano de la Cruz que regresaba para reencontrarse con su familia a disfrutar de la paz de su dulce hogar.

Arrepentido de haber engañado a su mujer, y para justificar su súbita desaparición, le contó a la ofendida, con voz quebradiza, una historia extraña de espíritus malignos que los mantuvo insomnes hasta las seis de la mañana.

Su elocuencia estaba a punto de superar la inteligencia de un corazón enamorado cuando a sus manos llegó la nota del cobro de los gastos malversados en la infructuosa búsqueda de un cadáver que nunca existió, mientras la supuesta víctima disfrutaba de una opulenta luna de miel en los carnavales de Río de Janeiro con Marie, la rubia esposa del condecorado bombero Mayor, quien había desaparecido de Pueblo Grande la misma tarde del terrible accidente de Aureliano de la Cruz Trespalacios.

A Marie, contra lo planeado, se le habían cruzado los cables de la cordura en Copacabana, abandonándose al desenfreno y a la frenética danza de la lambada, con un mulato carioca en una escola de samba, por el que abandonó a Aureliano en plena farsa carnavalera.

Contrito, le pide perdón a su mujer y le jura que en Brasil ya está disponible la droga Unasolamina, de reciente aparición, de la cual se asegura que es capaz de bloquear la acción de los genes que predisponen a los hombres a ser infieles y actuar contra los elevados niveles de testosterona que hace a los varones muy vulnerables a las insinuaciones sexuales; que la mencionada droga modifica las costumbres de apareamiento de los promiscuos, asegurando una relación de por vida con una única pareja. Y, para obtener el perdón y recuperar a su familia, el Casanova descubierto jura a su mujer que está dispuesto a someterse al tratamiento para evitar caer en tentación de furtivos amores.

Pero quizá Aureliano de la Cruz Trespalacios nunca podrá cumplir el juramento. Al frente de su casa, una fría pistola Mágnum 9 milímetros permanece cargada y lista en las manos de un enfurecido cornudo de uniforme y medallas, que ha venido siguiendo la figura conocida, ahora esperando ansiosa que le aprieten el gatillo, tan pronto el infiel se asome a la ventana.


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© 2008, Francisco Restom Bitar
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18 de abril de 2008

LOS CÓMPLICES - Juan Antonio Gómez

Un hombre va con su mujer en un bus. Ella se apoya en la ventanilla y duerme. Sube al bus una mujer con una niña y se dirigen hacia los asientos de atrás. El hombre estira el brazo y con la mano le toca, tiernamente por encima del pantalón, la vagina. La mujer lanza un grito y le pega una bofetada. El hombre se soba y se disculpa. La mujer, furiosa, sigue mentándole la madre. Se forma un alboroto y la mujer que va recostada a la ventana despierta. ¿Qué pasó? —le pregunta al hombre—. Nada, que toqué a la señora sin querer y se molestó. Ese hombre es un sinvergüenza, un maniático sexual —grita la señora. ¿Qué le hiciste? —vuelve a preguntar la mujer—. Ya te dije, la toqué sin querer y se molestó. No fue sin querer —dice uno de patillas y recia musculatura— yo vi cuando descaradamente tocaste a la señora. Y dirigiéndose a la mujer: Señora, si ese es su esposo, será mejor que lo lleve al siquiatra o que… ¿Así que tú hiciste eso? Pues te bajas inmediatamente y te vas a tocar a todas las mujeres que quieras. En la tarde puedes ir a recoger tus cosas, que te las voy a poner en la puerta.

El hombre ni siquiera replicó. Pidió la parada, pagó los dos pasajes y bajó. La mujer volvió a recostarse a la ventanilla y continuó durmiendo como si nada hubiera pasado. Parecía más bien que se había desembarazado de algo molestoso.


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© 2008, Juan Antonio Gómez
Tomado de "El escritor de ficciones" (INAC, Panamá, 1993)
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HABÍA UNA VEZ Y DOS SON TRES - Javier Medina Bernal

Había una vez y dos son tres, pero yo no me convenzo de que ese sea el resultado definitivo, por que dos veces más una podría ser igual a cuatro o a sufrimiento a secas; mejor preguntarle a mi padre que es ingeniero civil y ducho en matemáticas, o quizás no hacerlo y aceptar la elasticidad de los números y la liviandad de los pensamientos y aprender a flotar como una brizna sin preocuparnos por el descenso.


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© 2008, Javier Medina Bernal
Tomado de "En la ciudad de la bahía: mariposas y rupturas" (inédito)
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SUPOSICIÓN - Consuelo Tomás

Y si regresas
con otra mitad que te puso el mundo
perdida ya en la memoria de la piel
bajo tus manos
ausente el gesto del antiguo abrazo
no me busques.
Te prefiero limpio y humano
como cuando nos bebimos los dos
intentando atrapar la plenitud.


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© 2008, Consuelo Tomás
Tomado de "El cuarto edén" (Epic Publications de Panamá, Panamá, 1995)
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Al Quijote - Albalyra Franco de Linares

Canto a la gloria perdurable de tu palabra,
a la oración de tu saber
guardada en la corteza de las aulas,
en los azules caminos del anhelo,
en sabios instantes de eternidad.

¡Tu sueño Quijotesco!
Cada suceso de tu andar.
El viaje memorable de los ansiados logros,
la semilla de tus días renovados,
los gigantes arrolladores.

¡Al fin he llegado a tí, soñador!
Al recorrido de la épica jornada,
al encuentro del audaz
y ardoroso pensamiento.

¡Tu voz canta al son de la palabra
en la intacta materia de los años!


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© 2008, Albalyra Franco de Linares
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11 de abril de 2008

SÓTANO DE LA MISERIA - Giovanna Benedetti

Ya no hay
para qué esperar.
La noche ha clausurado
el alba amenazante.
Ha encerrado de golpe
a la sombra en sus extremos.
Pero algo (¿quién lo dice...?)
hacia el sótano deciende
y un ángel (el primero) se lanza al vacío.

Ya no hay para qué rogar.
La aurora, recién muerta
se pasea entre las nubes.
El pelo desierto, los ojos en vela
las manos rituales abrazando el llanto.
Pero algo (¿quién lo escucha...?)
hacia el sótano deciende
y un ángel (el segundo) se lanza al vacío.

Ya no hay para que soñar.
El futuro, por fin, ¡es innecesario!
Pero algo (¿quién lo olvida...?)
hacia el sótano deciende
y un ángel (el último) se lanza al vacío.


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© 2008, Giovanna Benedetti
Tomado del poemario "Entrada abierta a la mansión cerrada" (INAC, Panamá, 2006)
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28 de marzo de 2008

EN LA ESPERA - José Córdova

—¿Señor, ya pasó el autobús de la Tumba Muerto, el que para en la esquina de la cervecería?

—Que pregunta es esa, si estamos en Chepo y usted debería tomar ese diablo rojo en la capital.

—Mire, lo conduce el chino Chay, de eso estoy segura.

Le respondí asombrado que yo soy el chino Chay y no manejo ni bicicleta.

—Usted no me entiende. Crucemos, a lo mejor nos equivocamos de acera. Me urge ese bus, es difícil explicarlo, yo viajo allí.

La tomo del talle con mucha comprensión y cruzamos quedando en la acera de enfrente, nos sentamos a la sombra de un platanal. Todo es posible en el mejor de los mundos posibles. Permanecemos abrazados mientas nos esperamos.


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© 2008, José Córdova
Tomado de "2 veces breve dos" (Santiago, Chile, 2008)
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LLAMADO AL MEDIODÍA - Raúl Cuestas

Mira hacia el cielo vacío. Deben ser las diez, calcula, por la altura del sol. Un gallote solitario rompe la soledad del firmamento. A su alrededor todo es plano, árido, sin colinas, ni siquiera una roca, mucho menos un árbol. A ambos lados los rieles convergen hacia el horizonte. Él quiere averiguar qué dirección seguir, pero sus puntos de referencia —los rieles y el sol— no le ayudan. Pronto será la hora más caliente y el desierto será insoportable. Moriré por deshidratación. Si sigue los rieles tarde o temprano llegará a algún lugar habitado, y tal vez entonces...

Mira de nuevo hacia arriba y ve cruces negras en el cielo: ahora son dos gallotes cuyas siluetas cruciformes trazan círculos lentos, amplios, amenazantes.

Horas después el sol cae verticalmente y ha reducido su sombra a un círculo insignificante. Mediodía. En una o dos horas habrá pasado lo peor. Arriba, media docena de gallotes planean en un círculo más pequeño, pero definitivamente centrado sobre él. "He caminado por una hora y aún me siguen", se aterra al pensar en las intenciones de aquellas carroñeras hambrientas. "¡No puede ser!". Pero tiene que ser por él, pues no hay ningún otro ser vivo en aquel interminable tablero de arena. Si no son los gallotes serán los gusanos. Pero, por qué preocuparse, si ya para entonces no sentirá nada.

El círculo de gallotes, esta vez en números mayores, lo acecha aún. ¿Quién los llamó? ¿Cómo saben? ¿Será que el mismo cielo les pasa la voz? Sí. Ellos oyen una voz, una voz que dice cuándo, dónde y qué —y en este caso—, quién. Y ahora él los comprende. Ellos también tienen derecho. Tienen hambre y sed igual que él. A pesar de que son sucios y feos, no son malos. Simplemente hacen lo que otros desdeñan: limpian el lugar y aprovechan los desechos. Sí. Ahora él se identifica con ellos, son inofensivos al contrario de muchos humanos, no le hacen daño a nadie mucho menos a los de su propia especie y no ocupan espacio pues se mantienen en lo alto, cerca de Dios, como deberíamos hacer nosotros.

Él se da cuenta que ellos no son una amenaza sino un llamado, su último llamado. Calladamente rechaza su existencia y se une a las cruces que lo llaman y que ahora, al verlas más de cerca, parecen palomas blancas. Entonces se eleva con ellas en espirales ascendentes, alejándose de las arenas calientes y los rieles que lo hubieran llevado a algún lugar desconocido allá abajo, lejos de Dios.


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© 2008, Raúl Cuestas
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21 de marzo de 2008

Minipresentación, edición #47

El tiempo, que creemos que transcurre como una secuencia continua de eventos, que percibimos como un río de historia que fluye continuamente a la velocidad que marcan los relojes, en realidad está dividido en pequeños fragmentos, en intervalos discretos, en instantes cuánticos. No lo percibimos así, nuestros sentidos nos vacilan y nos hacen pensar en él como flujo, como agua en un canal. Pero igual nos sucede con las conversaciones que sostenemos hoy por teléfono, que creemos continuas pero son transmitidas en paquetes discretos que viajan, incluso por diversas rutas, para armarse nuevamente en el umbral de nuestra mente.

Pero más allá de la física y sus estudios sobre el espacio-tiempo, la mecánica cuántica o la teoría de la información o la filosofía con la que ya Platón estudiaba el universo desde la antigüedad, la vida es para nosotros un gran cúmulo de experiencias discretas, de momentos que sólo existen acumulados en la memoria sin un orden aparente, sin una secuencia precisa, y que armamos al gusto cuando recordamos. Vivimos, sin darnos cuenta, atravesando umbrales sobre los que nunca volveremos. Algunas veces lo notamos, como cuando nos graduamos del colegio, nos casamos o se nos muere un ser querido. Pero casi todas las veces el punto sin retorno lo cruzamos sin anuncio, sin conciencia. Secuencia discreta de eventos, el próximo movimiento que haga, o la falta de uno, puede cambiar para siempre mi vida y nunca lo sabré.

Por suerte nos queda la imaginación y el recuerdo.

Recuerdo con el que me acerque a escribir esta página de viernes santo y me desvié meditando sobre el tiempo. Recuerdo de cuando era pequeño, y las procesiones de estos días de Semana Santa me impresionaban. La banda del pueblo, con sus tonos menores, esos sonidos predominantemente oscuros, acompañando figuras religiosas paseadas en su dolor extremo: Cristo siendo azotado con saña primero y luego en la cruz sufriendo inefablemente, una María llena de todo el dolor que puede sentir una madre y la que más me impactaba, una caja de cristal, tumba abierta a los ojos de todos, con el cadáver lívido de Cristo aún ensangrentado. Vía crucis de figuras y una orquesta tenebrosa un día, mujeres y hombres en silencio en otros, un viernes santo mudo, libre de radios, televisores y vehículos en movimiento, y en casa un bacalao delicioso preparado al mejor estilo criollo, jugo de marañón casi siempre para esta época y la alegría de tener junta a toda la familia, a todos mis mayores. Pero el tiempo pasa irremediablemente y el mundo nunca más es igual.

En fin, hoy tengo el honor de presentarles a tres autores nuevos, a Yolani Martínez, Francisco Restom y Martín Testa Garibaldo, poeta panameño que tendremos el honor de tener la otra semana en un coloquio que los de la Asociación de Escritores organizamos en la ciudad de Panamá. Por otro lado, por segunda vez les traigo a Ligia María Orellana, con un cuento excelente y, esperando no abusar de su confianza, un pequeño diálogo que escribí hace poco más de un año para la última de las revistas Maga. Espero que disfruten esta edición.

JLRP, editor
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NUEVAS CIRCUNSTANCIAS - José Luis Rodríguez Pittí

—Esa última vez pudiste ser mía

—Me atemoricé.

—Aún serías mía.

—No quería perder el control. ¿Recuerdas que te lo dije?

—Nunca debí llevarte a clases.

—Al día siguiente... Sólo tenías que esperar un día más.

—Sabes que no pude.

—Me hiciste perder el control. Y ese día tenía un examen. Y era el patio de la universidad. Te propasaste...

—Tú lo deseabas.

—Entiéndeme. Eran muchas circunstancias en contra de ese momento. No debiste llevarme. Sólo tenías que esperar un día más.

—Pero igual, no quisiste nada al día siguiente. Ni siquiera me besaste. Me pareció absurda tu actitud.

—Me ponías nerviosa. Ya lo sabes. No quería que tuvieras ese poder sobre mí.

—Pero el jueves igual lo hice, y sólo faltó un poquito para adelantar el viernes.

—Y ahora las circunstancias serían distintas.

—Nunca comprendí por qué actuaste ese viernes así. No me gustó sentirme rechazado.

—No lo hice por herirte. Entiende. Fui cobarde. Tuve miedo de enfrentarlo. El miedo de empezar una vida de cero fue atroz, pudo más que yo.

—Pero, al no aceptarme, empezaste igual una nueva vida.

—Siempre es posible volver a empezar.

—Cierto a veces. Pero otras muy tarde.

—¿Y en ésta? Quisiera empezar contigo. El control no me preocupa. He aprendido la lección.

—¡Pero es que no comprendes! ¿No te das cuenta de las circunstancias en las que estamos?

—Sólo son eso: circunstancias.

—Pero, él te mató. Entiéndelo. Estás muerta. Has muerto.

—Y, ¿qué diferencia hace?


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© 2008, José Luis Rodríguez Pittí
Tomado de la Revista MAGA #60-61, Panamá, 2007
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ESTACIÓN SECA, MARZO - Martín Testa Garibaldo

Desde Calobre Arriba
___________arriba
desde estos amaneceres
donde los montes
se vuelven humo
para la tarde
dejarse tocar
sus tonos pardos
por decepción
he llorado

—Mariola—
en la aurora
de todos los amaneceres
hay estaciones
puertos
aeródromos
autoparadas
donde el devenir te emplea
______depende de nosotros
si abordamos el oficio.


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© 2008, Martín Testa Garibaldo
Tomado de "Estaciones ocupadas" (INAC, Panamá, 1998)
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LACRIMA CHRISTI - Francisco Restom Bitar

Era como un pájaro de alas rotas adherido a las paredes de un acantilado en la inmensidad de una noche oscura. Apenas se atrevió a dirigir unas palabras de arrepentimiento a quien se hallaba a su lado.

Ahora reza. Ora con devoción y con la esperanza de que, con sus súplicas, el Dios sobrenatural pueda salvar su alma errante que el destino arrastra. Pero la cruda realidad le susurra al oído que no tendrá manera de salvarse del inminente y trágico final.

Como ráfagas de tempestad llegan a su mente las escenas que había vivido. Sigue impresionado por la violencia absurda que estoicamente tuvo que presenciar. Traición, captura, tortura, dolor, angustias, agonía lenta y la inminente muerte de un inocente inquietaron su alma. Y llega el desasosiego, la ira, y ese gran nudo de tristeza en la garganta y lágrimas de dolor que aún quedan en sus ojos.

Ya casi sin fuerzas, desesperado y desesperanzado, aterido por el helaje de esa tarde tan negra como el peor de los sueños, inicia por decimocuarta vez la misma y única oración que recuerda. Se da por vencido y, como un malabarista en apuros, vuelve su rostro pálido hacia el abismo y abre sus brazos para dejarse caer en el vacío inevitable.

Ya tomando el rumbo de la muerte, piensa en su joven esposa y sus pequeñas hijas. Una corriente líquida empieza a correr en su interior. De súbito, fluye con vertiginosa rapidez y su volumen aumentado se transforma en la majestuosa corriente de un caudaloso río, un río más rojo que el más rojo de los ríos, salpicado de lágrimas que emergen rápidamente como impulsadas por brisas huracanadas.

Como atendiendo una orden invisible, el río llega al nivel salvador de las fuerzas de la vida. Lentamente se apaciguan sus aguas como guiadas por una mano divina que con mágico ademán transforma en un apacible lago cristalino de aguas rutilantes de donde emerge la luz celestial que bondadosa lo espera. ¡Oh, Gran Espíritu de los cielos! Ha llegado la anhelada salvación de este y la de millones de pecadores que han estado colgando de los malditos maderos.

Ahora siente la confianza y placidez que da estar en paz con Dios y con el mundo. Desea con fuerza irresistible llegar a este sitial sagrado llevado de la mano divina para nunca jamás olvidar ese inmenso poder de Aquél que derramó su sangre y sus lágrimas para salvarnos de las profundidades del abismo insondable.

Y allí mismo, en ese preciso instante, antes de soltarse en brazos de la muerte, siente la liberación de su agobiado espíritu al escuchar una voz moribunda que emerge de lo más profundo de las entrañas y le responde: "En verdad te digo que hoy estarás conmigo en el Paraíso".


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© 2008, Francisco Restom Bitar
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14 de marzo de 2008

Minipresentación, edición #46

La poesía es el género literario más hermoso, perfecto y a la vez cercano al ser humano. Arte elemental nacido del lenguaje que nos define, ritmo y metáfora, palabras que se mezclan en belleza: la poesía es sublime, la forma de expresión humana más elevada. Va más allá del texto, va más allá del arte, la poesía trasciende.

El 21 de marzo es el Día Mundial de la Poesía. La UNESCO, institución que lo estableció como tal en 1999, nos pide que ese día la llevemos a las calles, la entreguemos de la mano, de la boca, a todo aquel dispuesto a escucharla, a degustarla. Pero este año ese día es viernes santo y las calles de Panamá se vacían. No hay multitudes a las que ofrecer la palabra preciosa. Así que el día decidimos celebrarlo el 12 de marzo, a la mitad de la semana.

Y muchos salimos a las calles, a las escuelas, a las prisiones, a los hospitales, a los sitios de construcción, a las oficinas, a los puertos, a los parques y leímos poesía a los transeúntes, a los obreros, a los presos, a los enfermos y sus médicos, a los locos, a los empleados del gobierno y la empresa privada, al microempresario que pedalea su negocio por la ciudad, a los estudiantes de todas las edades, a los que esperan un bus o un avión, a los viejos, a los niños, a todo el que quisiera escuchar. Y la experiencia para todos fue increíble.

La poesía, ese género menospreciado por los libreros que no saben cómo venderlo, le llegaba a la gente que emocionada pedía más, exigía que se le entregara, que se le leyera su poema y después, otro poema. Igual lo hacía el pintor en el andamio, el estudiante decepcionado en el amor, el transeúnte que hacía una pausa en su camino apurado, el extranjero en busca de un mejor presente, el detenido en prisión, el ingeniero o los obreros que detenían sus labores, el enfermo que levantaba la cabeza en su dolor y sonreía complacido, el compañero de trabajo que la recibía en el chat o en el email, el niño pequeño que descubría uno de esos fenómenos únicos de este universo maravilloso en el que vivimos. Por un momento, la poesía fue paz para muchos, esperanza, belleza, emoción.

Con estas ideas, cargado de esa adrenalina emotiva de un día dedicado a la poesía, les presento hoy la edición #46 de miniTEXTOS.org, su página semanal dedicada a la literatura breve contemporánea. Hoy, les presento por primera vez a José Barnoya, con un cuento muy breve, pero muy cargado de significados. Y con ese, cuentos de Miguel Ángel Chinchilla, Marvin Valladares Drago, Benjamín Ramón y de un poema de Katia Chiari, autores que ya he tenido el honor de presentarles anteriormente en estas páginas que espero que disfruten mucho hoy.

JLRP, editor
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HAS SIDO FELIPE - Katia Chiari

Has sido Felipe,
Mateo,
Camila...

De cabellos ensortijados
entre otras herencias de tu padre
porque la casa
la vereda que dobla en la montaña
y la falta de escases
a mi no me pertenecen.
Me pertenecen tus zapatos
intactos de tanto gastar los míos.

De equipajes llevas un sol
que escapa entre sonrisas
para llenar tus memorias
de hombres que no han sido
y una caja de música
que ocupa el lugar del corazón
de tu corazón
que es mío
porque tengo callos
de tanto darte cuerda.


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© 2008, Katia Chiari
Tomado de "Aguaspiedras" (INAC, Panamá, 2003)
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LUNA QUESO - Benjamín Ramón

Jaime sabía que la luna no era de queso. Tenía 39 años y un hijo de apenas 4 que cuidaba la abuela, su mamá, allá en pedregal donde él vivió un tiempo, antes de que Aminta lo dejara y se fuera al Darién (fíjate que irse para el Darién) llevándose al niño, que enfermó y casi se muere si no es porque Jaime dijo: Está bien, yo me quedo con él, el día que ella vino (está encinta) donde el médico (traía el mismo trajecito amarillo que yo una vez le compré).

Lustraba zapatos allí en la esquina de la Pantera Rosa, todo el día (hasta losomingos, ¡fíjate!). A veces hasta tarde si era viernes por ejemplo, como ayer. Los sábados, no; los sábados estaba la mañana en casa de su mamá con el niño pero al mediodía se venía y toda la tarde y la noche caminaba Calidonia, por la central, una y otra vez, alucinado, metiéndose en las cafeterías, parándose en las esquinas del banco o la Caja de Ahorros, mirándolas a todas y diciéndoles señorita, brillándole los ojos como cuando llegaba de noche y llegaba él a su casa antes de que Aminta lo abandonara (¡fíjate que irse para el Darién!), y después de cenar se acostaban.

Pero entonces fue cuando la mujer lo dejó, llevándose al niño sin decirle me voy, sin saber ella hasta que una comadre hermana del negro con quien se fue le dijo: Ay compa, fíjese que la comadre me dijo que se lo dijera.

Jaime andubo muchos días cabizbajo, quejándose, la sopa siempre tenía un pero, y no hablaba de otra cosa: sí que es bruta esa mujer, irse para el Darién. Y se e mojaban los ojos.

Ahora que tenía a Mito con él y que, si vieras cómo se ha compuesto, si está gordo, su abuela lo cuida mientras él trabajaba, casi casi la había olvidado. Vivo, se llevó la cucharada de sopa caliente a la boca, para que a él no le falte nada, dijo. Aunque a veces los sábados cuando cruzaba Calle J o se sentaba en el parquecito mirándolas a todas, de pronto la recordaba como era y tragaba seco, brillándole los ojos.


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© 2008, Benjamín Ramón
Tomado de "Contrareloj" (INAC, Panamá, 1992)
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7 de marzo de 2008

PUNTOS DE VISTA - Lissete Lanuza Sáenz

Es medio plana la vida, aplastada y con un sabor dulzón. También es un tanto olorosa, lo digo por este hedor intoxicante que me envuelve y que solía ser agradable, pero ahora se ha vuelto francamente repugnante. Esa es una de las desventajas de vivir en este pequeño envoltorio plateado (y digo envoltorio porque, vamos, la condenada cosa esta se pega a mi cuerpo con tal acierto que si quisiera dejar de ser plano, no podría).

Pero he oído rumores, y francamente el papelito brillante este suena como el cielo comparado con el cuento que escuché de lo que le pasó a Omar el de arriba. Dicen que dejó de ser plano, y ahora no tiene ni forma, ni olor, ni mucho menos sabor. Y por ahí escuché de las malas lenguas (porque te diré que ésas de menta son de lo más chismosas) que lo vieron medio despedazado en una esquina, pegado a un zapato. Cómo se habrán enterado no tengo ni idea, pero de todos modos me preocupa. Este tipo que me compró parece haber dejado los cigarrillos, y quién sabe qué ideas de destrucción cargará en la cabeza.


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© 2008, Lissete Lanuza Sáez
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LA SERVILLETA - David Robinson

Una servilleta rayada con un nombre y un número telefónico. Ella en el cuarto de baño. Y mientras orinaba, ella leía y releía lo escrito en el papel por el mejor cliente de la noche anterior. Según aquel tipo, él podría sacarla de la "vida fácil" y llevarla a una vida verdaderamente fácil. Fue muy vehemente al reiterar sus intenciones para con ella. Él estaba ebrio. Ella no. Una servilleta rayada. Ella en el cuarto de baño. Ella y una servilleta arrugada y mojada. Una servilleta que huye en el remolino del inodoro.


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© 2008, David Robinson
Premio de Cuento Hiperbreve en el Concurso Internacional de Microtextos "Garzón Céspedes"
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