La amarillenta luz del farol de la esquina penetra dentro del cuartucho a través de la ventana abierta. La difusa claridad destaca la negra silueta de la mujer medio sentada en el camastro.
Mientras se acaricia la redonda hinchazón del vientre para palpar los movimientos del embrión, la mujer monologa con maternal ternura:
—Tendrás papá. "Papá Tomy" tendrás que llamarlo. Antes de año nuevo nos casaremos. Después, cuanto tú hayas nacido y él termine su servicio en Albrook, nos llevará con él a los Yunai Estei.
Casi en voz alta, exclama con orgullo:
—Serás gringo como tu papá. No tengas miedo, hijo mío. Él dice que allá hay muchos gringos que son negros como nosotros.
Cierra los ojos soñadoramente. Las manos acarician con suavidad la vida que palpita bajo la tensa piel del vientre.
De pronto, desde arriba, desde el cielo, deciende la furia destructora. La mujer abre la boca para soltar el grito que no sale de la garganta.
Al día siguiente, un sargento de la Fuerza Aérea norteamericana busca entre los humeantes escombros los restos de su mujer y de su hijo no nato.
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© 2008, Mario Augusto Rodríguez
Puedes saber más del autor [[AQUÍ]]
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4.4.08
8.2.08
SIETE CUENTOS EN INGLÉS Y UNO EN ESPAÑOL - Minipresentación, edición #41
Dicen que en la década de los veinte, Ernest Hemingway apostó con sus amigos que podía completar una historia únicamente con seis palabras. El aún desconocido maestro del cuento ganó al escribir: "For sale: baby shoes, never worn." ("Vendo: zapatos de bebe, nunca usados."). El microtexto apareció en la colección de cuentos "In our time", publicada en 1925, al regresar a los Estados Unidos de la Primera Guerra Mundial bajo el título de "A very short story" (Una historia muy breve). Ejemplo extremo de lo que posteriormente Hemingway definiría como la teoría del iceberg, base de su estilo inconfundible de narrar, en el que el autor prescinde de toda la información que no es necesaria para contar la historia.
Inspirados por esta miniatura, la revista Wired invitó a finales de 2006 a varios autores de ciencia ficción a que enviaran minicuentos de seis palabras. [[AQUÍ]] se puede ver completas las obras presentadas, aunque a mi modo de ver ninguna tiene la profundidad de la pieza de Hemingway y sólo se salvan:
"Starlet sex scandal. Giant squid involved." ("Estrella en escándalo sexual. Calamar gigante involucrado.") de Margaret Atwood.
"He read his obituary with confusion." ("Leyó su obituario, confundido.") de Steven Meretzky.
"Epitaph: He shouldn't have fed it." ("Epitafio: nunca debió alimentarlo.") de Brian Herbert.
"To save humankind he died again." ("Para salvar a la humanidad, murió de nuevo.") de Ben Bova.
Y, aunque no cumplió con el límite de las seis palabras, el mejor de la serie: "God said, 'Cancel Program GENESIS.' The universe ceased to exist." ("Dios dijo: —Cancelar programa Génesis—. Y el universo dejó de existir.") de Arthur C. Clarke.
Sin embargo, Hemingway no fue el primero ni el mejor, en mi opinión, componiendo este tipo de microficciones en idioma inglés. Antes, en 1912 para ser preciso, Thomas Bailey Aldrich escribió el cuento que posteriormente Borges, Bioy Casares y Silvina Ocampo recogerían en su "Antología de la literatura fantástica" bajo el título de "Mensaje":
"Una mujer está sentada sola en una casa. Sabe que no hay nadie más en el mundo: todos los otros seres han muerto. Golpean a la puerta."
Ambiente. Trama. Desenlace. El cuento de Aldrich lo tiene todo, incluyendo un final escalofriante. Sólo el cuento de Augusto Monterroso ("Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.") logra el mismo efecto en menos palabras, superando en concisión al de Aldrich y en efecto al de Hemingway. Pero de ese cuento (y otro increíble de Monterroso) ya hablamos en una edición previa de miniTEXTOS.org.
Hoy, en la edición #41 de miniTEXTOS.org, tengo el honor de presentarles un poema hermoso de Conny Palacios y sorprendentes narraciones muy breves de cuatro escritores contemporáneos: Ernesto Endara, A. Morales Cruz, Francisco J. Berguido y, por primera vez en esta página, Manuel Orestes Nieto.
En verdad espero que disfruten mucho de esta edición, que apenas empieza.
JLRP, editor.
www.miniTEXTOS.org
Inspirados por esta miniatura, la revista Wired invitó a finales de 2006 a varios autores de ciencia ficción a que enviaran minicuentos de seis palabras. [[AQUÍ]] se puede ver completas las obras presentadas, aunque a mi modo de ver ninguna tiene la profundidad de la pieza de Hemingway y sólo se salvan:
"Starlet sex scandal. Giant squid involved." ("Estrella en escándalo sexual. Calamar gigante involucrado.") de Margaret Atwood.
"He read his obituary with confusion." ("Leyó su obituario, confundido.") de Steven Meretzky.
"Epitaph: He shouldn't have fed it." ("Epitafio: nunca debió alimentarlo.") de Brian Herbert.
"To save humankind he died again." ("Para salvar a la humanidad, murió de nuevo.") de Ben Bova.
Y, aunque no cumplió con el límite de las seis palabras, el mejor de la serie: "God said, 'Cancel Program GENESIS.' The universe ceased to exist." ("Dios dijo: —Cancelar programa Génesis—. Y el universo dejó de existir.") de Arthur C. Clarke.
Sin embargo, Hemingway no fue el primero ni el mejor, en mi opinión, componiendo este tipo de microficciones en idioma inglés. Antes, en 1912 para ser preciso, Thomas Bailey Aldrich escribió el cuento que posteriormente Borges, Bioy Casares y Silvina Ocampo recogerían en su "Antología de la literatura fantástica" bajo el título de "Mensaje":
"Una mujer está sentada sola en una casa. Sabe que no hay nadie más en el mundo: todos los otros seres han muerto. Golpean a la puerta."
Ambiente. Trama. Desenlace. El cuento de Aldrich lo tiene todo, incluyendo un final escalofriante. Sólo el cuento de Augusto Monterroso ("Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.") logra el mismo efecto en menos palabras, superando en concisión al de Aldrich y en efecto al de Hemingway. Pero de ese cuento (y otro increíble de Monterroso) ya hablamos en una edición previa de miniTEXTOS.org.
Hoy, en la edición #41 de miniTEXTOS.org, tengo el honor de presentarles un poema hermoso de Conny Palacios y sorprendentes narraciones muy breves de cuatro escritores contemporáneos: Ernesto Endara, A. Morales Cruz, Francisco J. Berguido y, por primera vez en esta página, Manuel Orestes Nieto.
En verdad espero que disfruten mucho de esta edición, que apenas empieza.
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ROSAURA ESTÁ CONMIGO - Francisco J. Berguido
...la vida del hombre no es sino una acción a distancia, un poco de espuma que brilla en el interior de un vaso...
—Nicanor Parra, Solo de piano, Poemas y Antipoemas
—Nicanor Parra, Solo de piano, Poemas y Antipoemas
Me senté sobre la cama de golpe, como tirado por cuerdas, mi rostro bañado en un sudor frío; la respiración entrecortada emanaba borbotones de aire caliente. Miré a la derecha para percatarme de que Rosaura estaba todavía dormida a mi lado. Un bulto cubierto en mantas inspiraba y expiraba de modo apenas perceptible. Apoyé mi mano en su hombro quizás para darle más calor. Al sentir algo mullido, recuerdo haber pensado: "no puede ser Rosaura", y descubrí de un tirón la frazada. Era una montaña de puré de papas. Miré, incrédulo, el monte de puré por un par de minutos. Metí las dos manos y lo examiné, lo amasé, lo desprecié, lo tiré contra las paredes, odié su forma de mujer, su olor embriagante, su falta de sal.
Salté de la cama y goteando pedazos de puré corrí hasta la puerta de entrada de la casa. Estaba desnudo. Sentí deseos de ser visto así, de pasearme delante de todos sin pudor, sin tapujos. No había nadie, ni un alma que me viera como estaba: desnudo y al mismo tiempo cubierto en puré.
Vi, al final de la barriada, una casa, la única casa con las luces encendidas. Allí —me dije— encontraré a alguien que me vea como soy. Dentro estaba Rosaura, desnuda. Hacía el amor con Armando, el vecino. Yo me paré delante de ellos y ellos ni siquiera se dieron cuenta que estaba allí. Encontré placer en su placer y quise morir, pero sabía que si moría entonces nadie sabría por qué había muerto.
"¡Un carajo!" recuerdo haber pensado mientras tomaba el autobús rumbo a la ciudad. "Una mierda", "una vida", "una mierda", "puré" pensaba cuando iba camino a la ciudad. Allí no había nadie. Tampoco nadie se extrañó de verme desnudo, tampoco nadie me vio como era realmente.
Llorando en ese bar, con frío, abrazado al machete, embarrado de puré, sentí mucho sueño.
Estaba en la barra del bar cuando me desperté de golpe, como tirado de cuerdas, mi rostro bañado en un sudor frío. La respiración entrecortada emanaba a borbotones. Miré a la izquierda para percatarme de que Rosaura estaba todavía dormida a mi lado.
Allí estaba como un bulto, estaba allí. Allí, siempre estaba.
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© 2008, Francisco Berguido
Tomado del libro "La costra roja" (UTP, Panamá, 2006).
Puedes saber más del autor [[AQUÍ]]
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11.1.08
EL FEMINISMO ES EL NUEVO COMUNISMO (¡DIOCUARDE!) - Ligia María Orellana
En un país muy lejano, había una zona de construcción que siempre rebosaba de obreros, todos de raza pura y con cascos. Esa zona de construcción era la indignación de toda mujer que pasaba por ahí, porque estos obreros eran excepcionalmente lujuriosos, vulgares e irrespetuosos (aunque, en su defensa, no era culpa de ellos, así los habían maleducado). Ninguno de ellos era un Adonis, aunque sí había uno que se llamaba Adonai.
Para estos hombres, y para muchos otros, la mujer era lo más hermoso de la creación. Siempre y cuando estuviera desnuda y fuera joven. Ellos no considerarían hermoso a una mujer desnuda, de 450 libras, que tenga 92 años. Mire, tenga cuidado con lo que dice, porque se necesita muy poco para hacer que estos machos se rasguen las vestiduras y lo envíen a la hoguera por fariseo hipócrita.
Una tarde pasaba por esa zona de construcción una joven secretaria llamada Amapola Cipreses. Su triste uniforme de mini falda y tacones atrajo miradas, silbidos y besos de los obreros con cascos; en esos momentos algunos cargaban ladrillos, y otros a su capataz. Amapola Cipreses caminó lo más rápido posible entre ellos, con la mirada baja, sintiéndose humillada hasta los ovarios.
A la semana siguiente, tuvo la desgracia de verse obligada a pasar por ahí otra vez, cuando estaba oscureciendo. Justo iba a ponerse a llorar de vergüenza cuando descubrió aliviada que en la construcción quedaba un solo obrero, Adonai.
"¡Adiós, Cosita Rica!", dijo Adonai, y le tiró un beso escandaloso, como si ella fuera de su propiedad. Amapola Cipreses se indignó, apretó bien sus óvulos y taconeó hasta el iluso obrero. Acercó su cara a la de él e hizo lo mejor que pudo hacer: "¡AYÚDENME! ¡ES UN VIOLADOR! ¡PERRO, PERRO, PERRO!". Gritó desgarradoramente, y se puso histérica, de modo que llamó la atención de todos los que estaban en los alrededores: transeúntes,vecinos y conductores. También había un policía insignificante, que no pudo hacer más que alejar a Amapola Cipreses del tumulto que se estaba formando.
Lincharon al obrero, ¿sabe? Y Amapola Cipreses no tuvo remordimientos. No iba a despilfarrar su bajo salario en pagar psicoterapeutas para curarse del daño emocional que resulta de la violación del espacio personal femenino.
"Estúpida bolsa seminal", fue lo último que dijo sobre Adonai, mientras se desembarazaba del policía insignificante y seguía su camino. El policía insignificante sólo contemplaba estupefacto la escena de justicia callejera, porque era tan insignificante que no podía hacer nada. Y realmente no valía la pena. De todos modos, había mucha gente que necesitaba trabajo, y una plaza libre nunca estaba de más.
Cualquiera la llamaría feminista, pero eso sería una exageración, si toma en cuenta que no lo era.
"Sólo un hombre tiene derecho a piropearme, y ese es el hombre que yo escoja como compañero de vida", dijo Amapola Cipreses, que era lesbiana. Y desde ese día lleva una piedra, gas pimienta y un aparatito de choques eléctricos en su cartera, junto a su maquillaje y sus toallas femeninas.
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© 2008, Ligia María Orellana
Tomado de "Combustiones espontáneas" (Talleres Gráficos UCA, San Salvador, 2004)
Puedes saber más de la autora [[AQUÍ]]
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Para estos hombres, y para muchos otros, la mujer era lo más hermoso de la creación. Siempre y cuando estuviera desnuda y fuera joven. Ellos no considerarían hermoso a una mujer desnuda, de 450 libras, que tenga 92 años. Mire, tenga cuidado con lo que dice, porque se necesita muy poco para hacer que estos machos se rasguen las vestiduras y lo envíen a la hoguera por fariseo hipócrita.
Una tarde pasaba por esa zona de construcción una joven secretaria llamada Amapola Cipreses. Su triste uniforme de mini falda y tacones atrajo miradas, silbidos y besos de los obreros con cascos; en esos momentos algunos cargaban ladrillos, y otros a su capataz. Amapola Cipreses caminó lo más rápido posible entre ellos, con la mirada baja, sintiéndose humillada hasta los ovarios.
A la semana siguiente, tuvo la desgracia de verse obligada a pasar por ahí otra vez, cuando estaba oscureciendo. Justo iba a ponerse a llorar de vergüenza cuando descubrió aliviada que en la construcción quedaba un solo obrero, Adonai.
"¡Adiós, Cosita Rica!", dijo Adonai, y le tiró un beso escandaloso, como si ella fuera de su propiedad. Amapola Cipreses se indignó, apretó bien sus óvulos y taconeó hasta el iluso obrero. Acercó su cara a la de él e hizo lo mejor que pudo hacer: "¡AYÚDENME! ¡ES UN VIOLADOR! ¡PERRO, PERRO, PERRO!". Gritó desgarradoramente, y se puso histérica, de modo que llamó la atención de todos los que estaban en los alrededores: transeúntes,vecinos y conductores. También había un policía insignificante, que no pudo hacer más que alejar a Amapola Cipreses del tumulto que se estaba formando.
Lincharon al obrero, ¿sabe? Y Amapola Cipreses no tuvo remordimientos. No iba a despilfarrar su bajo salario en pagar psicoterapeutas para curarse del daño emocional que resulta de la violación del espacio personal femenino.
"Estúpida bolsa seminal", fue lo último que dijo sobre Adonai, mientras se desembarazaba del policía insignificante y seguía su camino. El policía insignificante sólo contemplaba estupefacto la escena de justicia callejera, porque era tan insignificante que no podía hacer nada. Y realmente no valía la pena. De todos modos, había mucha gente que necesitaba trabajo, y una plaza libre nunca estaba de más.
Cualquiera la llamaría feminista, pero eso sería una exageración, si toma en cuenta que no lo era.
"Sólo un hombre tiene derecho a piropearme, y ese es el hombre que yo escoja como compañero de vida", dijo Amapola Cipreses, que era lesbiana. Y desde ese día lleva una piedra, gas pimienta y un aparatito de choques eléctricos en su cartera, junto a su maquillaje y sus toallas femeninas.
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© 2008, Ligia María Orellana
Tomado de "Combustiones espontáneas" (Talleres Gráficos UCA, San Salvador, 2004)
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30.11.07
EL OBSERVADOR - Lissete Lanuza Sáenz
Caminaba despacio, sigilosamente, tratando de minimizar el ruido sordo de los zapatos contra el gastado piso de madera. No podía darse el lujo de que lo oyeran. Era de noche, y su chaqueta negra, vano intento de camuflaje, contrastaba con el emancipado edificio. El chirrido de los escalones parecía gritar "aquí estoy", pero aun así, nunca había sido descubierto. Le agregaba cierto atractivo al asunto la posibilidad de ser atrapado. Quizás por eso no se quitaba los zapatos y se asomaba periódicamente por una de las numerosas rendijas en la madera para observar cómo la brillante luz de luna bañaba el parque (donde las palomas transitaban libremente por la calle desierta, en perfecto orden y sin necesidad de semáforo). Mientras avanzaba, sus manos se aferraban al pequeño objeto negro en su bolsillo derecho, sólo para soltarlo de nuevo, acción repetitiva que se antojaba calmante de alguna manera. Ya pronto llegaría a su lugar. Desde aquí no podía observar nada con claridad. "Dios quiera que este edificio no vaya a caerse conmigo adentro uno de estos días", pensó mientras se asomaba por una abertura esta vez lo suficientemente grande como para asomarse entero. La luna se reflejaba completa sobre el edificio contiguo, dejando entrever dos figuras conocidas que se unían formando líneas borrosas, y luego se separaban, sólo para unirse de nuevo en geometría infinita que empañaba las ventanas y se repetía una y otra vez. Una mueca le deformo la cara, dando paso a una sonrisa. Sus pies se detuvieron, estiró la mano para acercar la silla que tenía muchos meses de ocultarse en el mismo rincón, rebuscó en su bolsillo, sacó unos pequeños binoculares, y se dedicó una vez más a su pasatiempo favorito: observarlos.
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© 2007, Lissete Lanuza Sáenz
Puedes saber más de la autora [[AQUÍ]]
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© 2007, Lissete Lanuza Sáenz
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16.11.07
ORGASMO - Mario Augusto Rodríguez
Los cuerpos sudorosos, entrelazados, derraman placer. Las bocas se muerden murmurando gemidos y saboreando jadeantes suspiros.
La profunda intensidad del gozo compartido eleva a los amantes a los espacios siderales. Lejos de la tierra, no escuchan el ruido atronador que enciende el aire.
Cuando el cohete revienta en azuladas llamaradas, la pareja vuelve en el supremo éxtasis del orgasmo.
Al día siguiente, un soldado escudriña con la punta de su M16 entre las ruinas calcinadas: busca restos o huellas de batalloneros. De pronto, se sorprende ante un montoncillo de morenas cenizas: forman la perfecta semiesfera de un seno femenino.
El soldado hunde un dedo en la ceniza. Se acerca el dedo a la nariz:
—¡Carajo! —exclama—. Esto huele sabroso.
Se lleva el dedo a la punta de la lengua. Lo saborea y vuelve a exclamar:
—¡Y sabe lo mismo!
---
© 2007, Mario Augusto Rodríguez
Puedes saber más del autor [[AQUÍ]].
La profunda intensidad del gozo compartido eleva a los amantes a los espacios siderales. Lejos de la tierra, no escuchan el ruido atronador que enciende el aire.
Cuando el cohete revienta en azuladas llamaradas, la pareja vuelve en el supremo éxtasis del orgasmo.
Al día siguiente, un soldado escudriña con la punta de su M16 entre las ruinas calcinadas: busca restos o huellas de batalloneros. De pronto, se sorprende ante un montoncillo de morenas cenizas: forman la perfecta semiesfera de un seno femenino.
El soldado hunde un dedo en la ceniza. Se acerca el dedo a la nariz:
—¡Carajo! —exclama—. Esto huele sabroso.
Se lleva el dedo a la punta de la lengua. Lo saborea y vuelve a exclamar:
—¡Y sabe lo mismo!
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© 2007, Mario Augusto Rodríguez
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2.11.07
CHICLE - Carlos Oriel Wynter Melo
Lo nuestro fue hermoso, Sue. Bello como un globo de chicle que crece sin parar. Fue lindo como una mañana con sabor a tuti fruti. Lo sabes, preciosa: tus mejillas se encendían de fiesta y "chewing gum" y reías.
Me advertiste —casi fue una amenaza— que la vida es breve. El sabor de la experiencia dura poco: Sí, Sue, eso pensaste. Y escupiste el chicle, ya sin sabor, de tu boca.
---
© 2007, Carlos Oriel Wynter Melo
Puedes saber más del autor [[AQUÍ]].
Me advertiste —casi fue una amenaza— que la vida es breve. El sabor de la experiencia dura poco: Sí, Sue, eso pensaste. Y escupiste el chicle, ya sin sabor, de tu boca.
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© 2007, Carlos Oriel Wynter Melo
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1.6.07
ZHUĀNG ZHŌU MÈNG DIÉ - Minipresentación, edición #5
Soñé que era una mariposa. Volaba en el jardín de rama en rama. Sólo tenía conciencia de mi existencia de mariposa y no la tenía de mi personalidad de hombre. Desperté. Y ahora no sé si soñaba que era una mariposa o si soy una mariposa que sueña que es Zhuāng Zhōu.
Zhuāng Zhōu, "Zhuangzi", Siglo IV antes de Cristo.
Hace casi dos mil cuatrocientos años, el maestro taoísta, conocido en occidente como Chuang Tzu, escribió este minitexto, minicuento sin lugar a dudas, que ha tenido eco a lo largo del tiempo en la marca que ha dejado en la obra literaria de autores como Octavio Paz y Jorge Luis Borges, además del pensamiento filosófico tanto de oriente como de occidente.
No es nueva la literatura en miniatura. Pero es delicioso hoy, igual que siempre, leer un buen cuento, un poema, un exquisito texto breve. Es parte de la naturaleza humana, dejarse sorprender por este tipo de obra literaria, por la historia pura, por el lenguaje más hermoso.
Con esa idea les presento este número. El quinto que he preparado especialmente para ustedes, con cuentos y poemas de autores bastante heterogéneos. De Costa Rica, me enviaron sus textos dos excelentes autoras: Marjorie Ross y Linda Berrón. De Panamá, tenemos tres caballeros, compañeros de letras: Benjamín Ramón, A. Morales Cruz y Héctor M. Collado. De los textos publicados, no haré comentario alguno, salvo resaltar el de A. Morales Cruz, que tiene la peculiaridad de ser una obra mixta, una alianza entre las imágenes y las palabras que este autor panameño ha sabido cultivar muy bien y que dará de qué hablar cuando publique su libro "Cómicas de Berlín", que tengo el placer de haber degustado ya.
Igual que en todos los números, hemos compilado la biografía de cada autor, y a esta se puede llegar desde el enlace en cada texto o directamente [[AQUÍ]].
Espero que disfruten de los textos y no se olviden de regresar el otro viernes por más minitextos.
JLRP, editor.
Zhuāng Zhōu, "Zhuangzi", Siglo IV antes de Cristo.
Hace casi dos mil cuatrocientos años, el maestro taoísta, conocido en occidente como Chuang Tzu, escribió este minitexto, minicuento sin lugar a dudas, que ha tenido eco a lo largo del tiempo en la marca que ha dejado en la obra literaria de autores como Octavio Paz y Jorge Luis Borges, además del pensamiento filosófico tanto de oriente como de occidente.
No es nueva la literatura en miniatura. Pero es delicioso hoy, igual que siempre, leer un buen cuento, un poema, un exquisito texto breve. Es parte de la naturaleza humana, dejarse sorprender por este tipo de obra literaria, por la historia pura, por el lenguaje más hermoso.
Con esa idea les presento este número. El quinto que he preparado especialmente para ustedes, con cuentos y poemas de autores bastante heterogéneos. De Costa Rica, me enviaron sus textos dos excelentes autoras: Marjorie Ross y Linda Berrón. De Panamá, tenemos tres caballeros, compañeros de letras: Benjamín Ramón, A. Morales Cruz y Héctor M. Collado. De los textos publicados, no haré comentario alguno, salvo resaltar el de A. Morales Cruz, que tiene la peculiaridad de ser una obra mixta, una alianza entre las imágenes y las palabras que este autor panameño ha sabido cultivar muy bien y que dará de qué hablar cuando publique su libro "Cómicas de Berlín", que tengo el placer de haber degustado ya.
Igual que en todos los números, hemos compilado la biografía de cada autor, y a esta se puede llegar desde el enlace en cada texto o directamente [[AQUÍ]].
Espero que disfruten de los textos y no se olviden de regresar el otro viernes por más minitextos.
JLRP, editor.
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