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28.3.08

COMO AYER CON NOSOTROS EL HOTEL CALIFORNIA - Carlos Calero

I

Como ayer es la hora de venir y recorrer las carreteras con la misma pasión de lo que vivimos ahora;

II

vale la pena sacarse la nostalgia y besar la pasión, respirar paredes con el calor de los infiernos;

III

hora de sentir los resquicios que sollaman, esa brasa del loco amanecer con serpentina violenta bajo la luna y quizá los mismos labios entre una cabellera contra los reverberos en la memoria.

IV

Como ayer "ven a liberar deseos de amar", ven a la hora del disfrutar, y volverlos contra la ciudad sin que haya sitios secretos y la mirada culpable con el tiempo para los que se aman.

V

Que la lengua camine como símbolo en forma de animal, recorra la desnudez de una mañana y comparta la asfixia, sin el pasado y los pensamientos de la magia y la ficción.

VI

Como ayer, ahora nos distancian los años; como ayer que vuelva a nosotros el Hotel California.


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© 2008, Carlos Calero
Puedes saber más del autor [[AQUÍ]]
www.miniTEXTOS.org

22.2.08

EL GATO PUSHKIN Y YO - Norbert-Bertrand Barbe

En la casa de los perros
Tengo sólo un amigo
A los demás no me acerco
Uno aprende del pasado

El gato Pushkin y yo estábamos sentados a la orilla del sereno cuando se levantó, quiero decir el sereno, ya que el gato Pushkin, por una cuestión de edad y gordura, hacía años que el pobre animal ni se levantaba, ni para orinar. La época de la que les hablo era del tiempo del Dr. René Schick, no sé a la verdad si a los jóvenes de hoy les dice todavía algo este nombre. Pero pienso que debo aclarles que yo entro en mi 74 año.

El gato Pushkin y yo dormíamos juntos, en la casa de mi madre. Yo tenía una hermanastra de la peor especie, ella era de otro padre, así que nunca pudo vernos, al gato Pushkin y yo. Siempre nos peleó. Por suerte, ella se casó temprano, o sea, no en cuanto a su propia edad, ya que ella me llevaba 17 años a su defavor, sino en cuanto a la mía. Vivíamos de expedientes en la casa de mi madre, el gato Pushkin y yo, perdidos en el tiempo sin pasar de la comarca nuestra; comíamos tortas de sardinas, por lo menos todavía en esa época, y dentro de nuestra miseria y abandono, había sardinas para hacer tortas que pudieramos comer. Eso, aunque no pareciera, a uno le lleva un poco de felicidad, es miel para endulzar los tragos más amargos de la historia.

De mi madre, ¿que podría decirles? Probablemente el gato Pushkin hubiese hablado mejor de ella, pues, de los dos, creo que siempre ella le prefirió a él. La verdad, a mí, no me molestaba, pues si el gato Pushkin y yo eramos por así decir un solo, aunque, claro, en dos cuerpos distintos, y tal vez eso es lo que hace toda la diferencia.

El gato Pushkin y yo nos poníamos largas horas a revisar el paso del tiempo en las nebulosidades del cielo diurno, y a veces nocturno. Quien dijo que los gatos no hablan, si el gato Pushkin siempre habló más que yo. Por lo menos, así pasaba con mi madre. Conmigo, si sólo era gritería, y la mayoría de las veces no tenía nada que ver con eso de la Purísima. Creo que fue por eso que me fui de la casa de mi madre, dejándolos solos, al gato Pushkin y a ella.

Sin embargo a veces me hace falta, el gato Pushkin. Era negro de punto a rabo, de hocico a cola, el gato Puskin, y yo que era blanco, también de ojos verdes, como el gato Pushkin, cuando no me decían chele, me decían el gato. A pesar de que mi amistad con el gato Pushkin no era por razones genealógicas, si yo nunca me llevé bien con mi familia. O mejor dicho, fueron ellos quienes nunca quisieron llevarse bien conmigo, pero a mí poco me valía en verdad, si más tiempo pasaba con el gato Pushkin.

Creo que todavía si está vivo el viejo gato Pushkin, pero lo dudo mucho, debe de acordarse de mí. Y quien sabe si en este recuerdo mutuo que nos une a través —y a pesar— del espacio y el tiempo no seguimos ahí, el gato Pushkin y yo, en las primeras gradas de entrada de la casa, a mirar las estrellas, perdidos los dos en sus cosas personales, el supongo en sus cosas de gato, y yo en mis cosas de hijo pródigo.

Al pensar en todo aquello, me acuerdo de repente de ese que hablaba de la llamada de los pañuelos blancos.


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© 2008, Norbert-Bertrand Barbe
Tomado del libro "Caprichos nicaragüenses".
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8.2.08

¿QUÉ DE MI CORAZÓN? - Conny Palacios

Señor,
heme aquí.
Soy Nadie,
la última de tus criaturas.
El alma pajarera que me diste la perdí en el camino.
Un pedacito de ella se me quedó jugando en la ronda que hacen los niños,
otro, se me echó a dormir sobre el paisaje estelar,
un tercero, lo olvidé en los ojos de los que no tienen nada.
Y el ultimo, el más preciado
se me disipó ensartando versos para los seres que amé.

Señor...
Cuando llames a tu cielo,
a los niños,
al paisaje,
a los que no tienen nada,
y a mis amores,
pregúntales,
¿qué hicieron
de mi ilimitado
corazón de pájaro?


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© 2008, Conny Palacios
Tomado del libro "Percepción fractal" (PAVSA, Managua, 1999).
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14.12.07

DAY 8 - Norbert-Bertrand Barde

Ayer fue que te vi por primera vez
Y por vez primera me distinguí
De entre la multitud y la muchedumbre
Porque a tu lado muere la tristeza

Suenan a trompeta jazz los lugares feos
Y a Managua by night
Los On the Run mañaneros
Y sus combos de pollo frito

Huele a perfumería el Huembes amaneciendo
Y los plátanos del ayer
Barridos a vanilla con aroma de chocolate

En fin a posibles
Así de sencillo los lugares soñados
De Europa Africa tropical y los Estados


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© 2007, Norbert-Bertrand Barde
Tomado de "Caprichos nicaragüenses"
Puedes saber más del autor [[AQUÍ]]
www.miniTEXTOS.org

16.11.07

LA TARDE SUBÍA SU CANTO - Isolda Hurtado

La tarde subía su canto
al sudor de las horas.

Del dintel de la ermita
a lo lejos
una luz encendía
el misterio:

______a un lado
__________la vida
______al otro
__________la muerte
y entre ambas
__de pie

______vos y yo

vos
______marinero en mi puerto
yo
______barca anclada en tu pecho.


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© 2007, Isolda Hurtado
Tomado de "Florece el naranjo" (CNE, Managua, Nicaragua, 2002)
Puedes saber más de la autora [[AQUÍ]].

26.10.07

CONFUNDO LAS NOTAS - Conny Palacios

Acurrucada en un rincón
de más allá del fondo de mí misma,
lugar al que he rodado,
empujada
por esta lluvia que no cesa…
Confundo las notas
de los pájaros enloquecidos
que fabrican nidos
en mis cabellos,
con las de este silencio
que grita
en mis oquedades.

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© 2007, Conny Palacios
Tomado de "Percepción fractal" (PAVSA, Managua, 1999).
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19.10.07

ESTE AMOR - Michèle Najlis

¡Este amor
cuya carencia
_____abrasa,
cuya presencia
_____incendia!

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(c) 2007, Michèle Najlis
Puedes saber más de la autora [[AQUÍ]].