Mostrando entradas con la etiqueta Miguel Ángel Chinchilla. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Miguel Ángel Chinchilla. Mostrar todas las entradas

14.3.08

LA MUERTE DE SANTA CLAUS - Miguel Ángel Chinchilla

Tremenda trifulca se armó en las graderías populares del estadio: las barras contrarias cada una vociferando sus consignas se enfrentaron rabiosas mentándose la madre y queriendo sacarse la fresa con lo que cada quien tenía a la mano.

Era el primitivismo supino que la bestialidad disfrutaba más que el propio partido que acababa de terminar.

La policía intervino rociando gas pimienta y repartiendo garrotazos con sus macanas a diestra y siniestra, pero aquella canalla como un monstruo desatado más se enardecía con la intervención de los cuilios protegidos con sus cascos y escudos antimotines.

De pronto se escuchó la detonación de un disparo y el cuerpo enorme y flácido del gordo Santaclaus se vino rodando graderías abajo, ante la mirada atónita de aquellos energúmenos que tal parecía estaban esperando un desenlace con semejante colofón.

En el instante entonces aparecieron los camilleros socorristas mientras los policías desenfundaban sus armas de fuego al escuchar las voces de la turba acusándolos de haber disparado contra Santaclaus. Un par de balazos al aire fueron suficientes para dispersar a la gente que a pesar de la euforia huyo despavorida.

Santaclaus pesaba alrededor de doscientas cincuenta libras y era uno de los animadores más bullangueros de su barra. Bebía cerveza como un Pantagruel y todo el partido se lo pasaba engullendo hot dogs, tortilla con carne de chucho y cualquier comida chatarra de la que venden en los estadios.

Tenía un pick up con el que hacía viajes en el mercado central adornado con calcomanías del Barza y fotos de Ronaldinho, y le decían Santaclaus desde que en alguna navidad, una tienda de juguetes lo había contratado para disfrazarlo como el famoso personaje nórdico, mientras sonaba un cencerro y sin ganas se carcajeaba jo,jo,jo.

Sin embargo el papel de Santaclaus no le duró mucho, ya que un 23 de diciembre lo pescaron haciendo deshonestidades a una niñita de siete años, que sentada en las piernas del gordo le repetía entusiasmada su lista de juguetes, mientras el obeso asqueroso le tocaba su cosita a la muchachita.
En dicha ocasión estuvo procesado judicialmente pero como no existían pruebas suficientes para condenarlo, el juez de la causa lo sobreseyó.

Mas lo que nadie sabía, sólo yo y ahora ustedes, es que un tío por el lado materno de aquella niña que actualmente es una preciosa adolescente, ingresó hace años a la academia de seguridad pública graduándose como policía, y esa tarde de la trifulca en el estadio andaba de servicio como agente de la unidad de mantenimiento del orden público, lo cual no quiere decir que haya sido él quien disparara contra Santaclaus, ya que de todos modos el resultado de la autopsia decía que la bala que ultimó al gordo no correspondía con el equipo que usan los policías, aunque también es de tomar en cuenta que el médico forense que practicó la necropsia es primo de la cuñada del dicho agente, es decir que a saber entonces quién disparó contra Santaclaus, la cosa fue que lo mataron en el estadio y parte sin novedá.


---
© 2008, Miguel Ángel Chinchilla
Puedes saber más del autor [[AQUÍ]]
www.miniTEXTOS.org

28.12.07

¿ALGUIEN HA VISTO AL INVISIBLE? - Miguel Ángel Chinchilla

«Mire, yo en la guerra fui francotirador, a doscientos metros le pegaba a una hormiga, bueno, sigo teniendo buen ojo, ya no como antes, veá, porque usté sabe que los reflejos se van debilitando, los años no pasan en balde, pero como le digo, me hubiera gustado participar alguna vez en los juegos olímpicos de tiro, fácil hubiera ganado un campeonato mundial, pero en fin, veá, lo que no es de uno ya ni modo.

«Después de la guerra anduve vendiendo billetes de lotería, también fui cobrador de microbuses —ahí aproveché y saqué la licencia—, después salté a vendedor rutero, siempre en la rebusca, veá, ya luego conocí a la Claudia y cuando quedó embarazada fue que un día me encontré con mi coronel que le digo, él se acordó de mí y me ofreció chance como supervisor en un negocio de seguridad privada que estaba poniendo.

«Por medio de mi coronel empecé a conocer gente bien importante, diputados que salían en los diarios y en la televisión y también otros macizos chapines y mexicanos. La verdá fue que yo me convertí en su chaneque personal, iba con él a todos lados, cuidándolo, veá, si hasta me regaló una Browning niquelada, una chulada de pistola, viera, si por billetes con mi coronel no había tristezas.
«Con esa gente probé la coca coca, no la coca cola, en el negocio se le dice perica, harina, almidón o leche. Si viera usté con un par de narizazos uno se siente supermán ¿nunca la ha probado?

«Bien seguido íbamos a Guatemala, a veces en avioneta, y es que mi coronel tenía varios negocios, entre ellos dos o tres lavanderías y una fabrica de jabones, aparte de la empresa de seguridad en la que yo le ayudaba. Mire, gracias a él en cosa de un año compré dos carros, una casa preciosa con cochera y una finquita allá en mi pueblo donde vivieron tranquilos mis viejitos sus últimos días.

«En el fondo yo estaba conciente, veá, que todo aquello sobre el tráfico de drogas estaba fuera de la ley, pero si la coca sirve —me ponía a reflexionar— para que la gente se sienta feliz, entonces, ¿qué de malo tenía?

«Un compadre de mi coronel andaba metido en política, era diputado, y parece que le estaba jugando chueco al grupo de este lado por lo cual un día me dieron la orden para ejecutarlo. Yo al principio aturré la cara, veá, pero tuve que ahuecar cuando uno de los mexicanos agarró a balazos la foto de mi mujer y mis hijos que no sé cómo putas había conseguido.

«Yo como le digo, había matado en la guerra, veá, pero así a sangre fría era la primera vez, por lo cual pasé algunos días bien jodido, pero como a lo hecho pecho, ni modo era cosa de hacerle huevos...»

Aquí, al nomás pronunciar la palabra "huevos" se escucha una detonación y la grabación se corta de inmediato.

Por cuestión de reserva judicial el juez blindado del tribunal donde se ventilaba hasta ayer el proceso contra la banda de narcotraficantes "los sabelotodo", no permitió la presencia de periodistas en el interrogatorio que se le efectuó al reo criteriado conocido por el alias de "snif", por lo que este medio tuvo que enviar de incógnito a su reportero estrella "el invisible", a quien desde ayer que sucedió el atentado en el dicho tribunal, nadie ha vuelto a ver. De forma misteriosa llegó esta mañana a nuestra redacción la cinta anteriormente transcrita, grabada supuestamente por "el invisible", que Dios mediante no haya corrido la misma suerte que el Snif, los defensores, fiscales, policías y el mismo juez, a quien según parece no le funcionó el blindaje. Seguiremos informando.


---
© 2007, Miguel Ángel Chinchilla
Puedes saber más del autor [[AQUÍ]]
www.miniTEXTOS.org

19.10.07

HIJO DE PUTA - Miguel Ángel Chinchilla

En este país cho es como decir callate maje dejá de hablar. En Washington Cho es sinónimo de desquiciado, de coreano maldito mirá lo que hiciste.

Huevos tuvo el chinito, huevos y pisto para comprarse los cuetes, vergón que por allá es más fácil adquirir esos juguetes.

Yo digo, tanta bulla por treinta muertos, si en Irak se mueren por centenares y nadie se espanta. De todos modos se iban a morir, así decía mi abuelo que por mucho tiempo perteneció a la antigua policía de hacienda.

Mire, si yo no estuviera cuico de esta pata, no anduviera vendiendo discos pirateados sino que sería militar y andaría volando verga allá por Bagdad matando a esos musulmanes que no creen en Cristo, palabra.

Es que a veces me entran unas ganas inmensas de matar gente, sobre todo la que se cree superior y se burla de uno. En el instituto nacional había un maje que por joder me decía: "ey, cojo te cojo y si te caés te recojo", provocando las risotadas de la clase, sobre todo de las compañeras que me miraban con compasión. Otro día el mismo maje me dijo hijo de puta y yo me fui a llorar detrás de los escusados porque era verdá, mi nana era una puta, la recuerdo llegando en la madrugada, ebria y luciendo aquella minifalda y aquellas botas impúdicas.

En dichos momentos que recuerdo hubiera querido matarlos a todos como bien hizo el chinito con esa gente que se burlaba de él.

Un diputado dijo un día de estos en televisión algo que me gustó mucho, un viejo dicho pistolero: "Dios creó a los hombres y Samuel Colt los hizo iguales", que verdá más profunda ¿no le parece?

Mire, aquí en esta caja tengo todos los recortes del coreanito Cho que han salido en los periódicos, realmente es mi héroe, aunque yo no tengo los huevos ni el pisto que tuvo él para liberarse, además aquí no es allá.

Es posible que yo ande desquiciado como el chinito Cho, o quizás más, digo, por esas ganas inmensas de matar que últimamente me están dando, odio a la gente, a una más que a la otra, necesito una pistola, ¿dónde puedo conseguir una barata...?


---
(c) 2007, Miguel Ángel Chinchilla
Puedes saber más del autor [[AQUÍ]].