Hoy asistí a la presentación, en la Universidad Tecnológica de Panamá, la edición final, la última de esta tercera época de la revista literaria Maga. Es el número 60-61 de una publicación por la que desde febrero de 1984 han pasado un número muy grande de autores de toda América Latina. Una institución cultural en Panamá, la única revista literaria en el país que vió la luz durante todos esos años de manera más o menos inninterrumpida. Más o menos, porque MAGA había muerto formalmente ya dos veces, siempre por falta de dinero para seguir apareciendo. Aunque, después de cada muerte, por pura voluntad de su editor y fundador, Enrique Jaramillo Levi, renacía más fuerte que antes. Pues bien, hoy presenciamos su tercera muerte. Pero a diferencia de las anteriores, nadie la lloró, nadie se lamentó, no aparecieron obituarios en diarios y otras publicaciones. En realidad, debo confesarlo, brindamos por esta etapa, pues sólo es eso: un hito en el camino. Su editor se jubila en cuestión de semanas de su trabajo con su patrocinador actual, la Universidad Tecnológica de Panamá, y con él se va MAGA. Pero no queda ni una duda: sabemos que renacerá en una cuarta época por ese esfuerzo incansable que define a Jaramillo Levi.
En fin, se preguntarán qué tiene que ver la revista MAGA con esta publicación electrónica. Pues mucho. Es el antecedente, el predecesor, la inspiración en papel para miniTEXTOS. Y, aunque no se especializa en el tema, es fuente y referencia obligada, pues en sus páginas se han publicado minicuentos de toda Hispanoamérica, varios ensayos sobre la minificción y varios años ha sido la sede del Concurso MAGA de Cuento Breve. De las diferentes ediciones de dicho premio, hemos elegido trabajos ganadores para esta revista electrónica, como es el caso de Carlos Fong en la edición #3, Héctor Collado en la edición #5 y tres de los autores de la actual. Por otro lado, muy en lo personal, ha sido fuente de inspiración, por la calidad de las piezas ajenas publicadas, y satisfacción, por la oportunidad de dar a conocer las propias.
Y eso nos trae a esta edición de miniTEXTOS.org, la #11, dedicada exclusivamente al minicuento. Hoy tengo el gusto de presentarles trabajos de narradores de Panamá, Argentina y Honduras: Gloria Melania Rodríguez, Lupita Quirós Athanasiadis, Andrés Villa, Juan Carlos Vecchi y Roberto Quezada, con los que suman a la fecha 55 autores de buena parte de América.
Espero que disfruten el trabajo de estos cinco cuentistas, y les invito a leer la edición #12 a partir del próximo viernes, con poesía y narrativa breve contemporánea.
JLRP, editor.
13.7.07
COMO AQUELLA NOCHE - Andrés Villa
Cuando llegó a aquella casa de cuartos de alquiler, después de treinta años de ausencia y encontró el viejo cuchillo escondido en el disimulado hueco de la pared, recordó todo el horror de aquel crimen que había tratado de borrar de su conciencia.
No había sido un pescador perdido en el mar, fue un prófugo de una isla penal, ayudado por las corrientes el que rescató aquel barco mercante. Durante sus interminables vueltas al mundo como marino, trató de construir otra historia que lo absolviera en sus pesadillas.
Había regresado obnubilado por el remordimiento. Con el cuchillo en la mano, parado frente a ese cuarto, el olor de aquella hembra joven empezó a envolverlo, y los celos lo atormentaron como aquella noche. Entonces cuando la vieja lo reconoció, volvió a gritarle ¡asesinooooo! Como aquella noche.
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© 2007, Andrés Villa.
Puedes saber más del autor [[AQUÍ]].
No había sido un pescador perdido en el mar, fue un prófugo de una isla penal, ayudado por las corrientes el que rescató aquel barco mercante. Durante sus interminables vueltas al mundo como marino, trató de construir otra historia que lo absolviera en sus pesadillas.
Había regresado obnubilado por el remordimiento. Con el cuchillo en la mano, parado frente a ese cuarto, el olor de aquella hembra joven empezó a envolverlo, y los celos lo atormentaron como aquella noche. Entonces cuando la vieja lo reconoció, volvió a gritarle ¡asesinooooo! Como aquella noche.
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© 2007, Andrés Villa.
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LA PRUEBA DE ADN - Lupita Quirós Athanasiadis
Doña Déborah está esperando, ansiosa, el resultado de la prueba de ADN. De pronto se pone de pie porque ve aparecer al fondo del pasillo al médico que se le acerca con el sobre en la mano. Por unos segundos pierde su férreo aplomo porque se siente atenazada por la angustia, intenta reponerse respirando profundamente y toma el sobre que le ofrece el galeno. Da las gracias y se sienta, como un reo que se apresta a recibir su veredicto. Entonces lo rasga, muy despacio, como queriendo amortiguar el golpe mortal que supondría la confirmación de su sospecha o porque algo dentro de ella se niega a saber lo que prefiere ignorar. Pero procede, abre la página y lee. El desenlace la llena de júbilo.
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© 2007, Lupita Quirós Athanasiadis.
Tomado de la revista MAGA #60-61 (Panamá, 2007).
Puedes saber más de la autora [[AQUÍ]].
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© 2007, Lupita Quirós Athanasiadis.
Tomado de la revista MAGA #60-61 (Panamá, 2007).
Puedes saber más de la autora [[AQUÍ]].
NUNCA ES TARDE CUANDO LA DICHA ES LONGA - Juan Carlos Vecchi
A la Pucha...
Ceferino Gordini y Ezilda Esilda, ambos jubilados y oriundos de Santiago, el querido y adorado del Estero, contrajeron nupcias en el año 1988 habiéndose conocido en el año 1900. Tuvieron lo que se dice, un maratónico noviazgo de 88 años, a partir de aquellas dulces señales de humo que intercambiaron, durante una protesta regional contra los abrazos y miradas encendidas en épocas de sequía.
En el transcurso de la ceremonia religiosa, él tenía en su haber 111 años y ella le ganaba por varios cuerpos de momia meditando. Estudios posteriores realizados en la Universidad de Santiago del Estero, señalaron que Ezilda aún conservaba un 25 por ciento de sus archivos, al momento de cortar la torta de boda con un serrucho eléctrico; del almacenamiento sobreviviente podemos destacar los siguientes contenidos: tejido toba con agujas de reloj pulsera, una receta de la abuela Erika (empanadas germanas), la imagen de Ceferino persiguiendo una mulita a campo abierto (su amor corre a pesar de la incomodidad que le produce el traje planchado con almidón y la capelina tipo Mary Poppins que lleva sobre su cabeza), y un par de ideas a discutir con el helecho serrucho del jardín. Se detectan en Ezilda algunos archivos temporales (formato .doc), sobre cómo caminar con los ruleros puestos cuando los vientos superan los 120 kilómetros por hora. Asimismo, se recupera un archivo perdido que corresponde al 16 horizontal del crucigrama publicado en el diario local, con fecha 21 de mayo de 1957. Por último, una prueba con Carbono 14 señala que la perseverante mujer tiene 133 años.
—¿Se imagina un perro de 931 años? —le pregunta uno de los investigadores, pero Ceferino finge no haberlo escuchado.
A la pregunta fundamental del oficio matrimonial, mientras los padrinos apuntalaban con vigas de madera a los enamorados, a fin de evitar un posible derrumbe de la mermada pareja*, y la madrina, con el dedo pulgar hacia arriba, confirmaba que ambos seguían respirando, Ceferino contestó con encorvado esfuerzo:
—¿Cof? ¡Cof! —tosió y el doble gesto de sus pulmones fue asumido como un "sí".
A su turno, Ezilda, bajó en cámara lenta sus párpados de argamasa y luego, entre una serie interminable de gases, eructos y ronquidos, logró despedir un dulce y festejado silbido:
—Fffiiiuuu... —silbó la enamorada y al toque sonaron las campanas su bendito "talán talán talán".
* (N. del A.): En un primer borrador escribí "mermelada pareja", considerando el calor sofocante durante la boda, pero mermelada no es adjetivo. Y cuando es de durazno, además de sustantivo, es rica.
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© 2007, Juan Carlos Vecchi.
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ESO FUE LO QUE YO VI - Gloria Melania Rodríguez
Me despertaba —sólo a mí, no entiendo por qué— para ver los planetas ocultarse con el sol o a las arañas reconstruyendo sus redes.
Recuerdo —como ayer y ha pasado tanto tiempo— que antes de almorzar y en varias ocasiones le escuché recitar aquella poesía de la que sólo me queda una vaga estrofa.
Sin embargo, todas las noches el abuelo nos contaba cuentos y el que más me gustaba era el de su primera novia, cuando él tenía doce años y paseaba en bicicleta con ella. Comenzaba así: "Ella era suave y hermosa. La cabellera larga y ojos redondos y luminosos. Andaba siempre en bicicleta."
Una noche lo interrumpió el mayor de mis primos:
—Abuelo, no cuente cómo murió esa tarde porque hoy vino a buscarme en bicicleta cuando salía de la escuela.
—Abuelo - dijo mi hermana -, esta mañana dejó la bicicleta apoyada en un árbol y estuvo jugando con nosotros en el patio. Me escondí detrás de sus cabellos y nadie me vio.
—Abuelo —dijo otro de los primos—, tiene los ojos tan grandes que aprendí a nadar en ellos.
—Abuelo —dijo mi única prima—, ella lo está esperando.
Y con un tijera le cortó la barba, la quemó con la llama de un fósforo y en el humo apareció una bicicleta. El abuelo sonrió, luego bajó las escaleras pedaleando y al llegar a la calle se encontró con su novia.
Yo soy testigo de aquello. Todos lo somos. Todos vimos al abuelo irse en bicicleta.
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© 2007, Gloria Melania Rodríguez.
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Recuerdo —como ayer y ha pasado tanto tiempo— que antes de almorzar y en varias ocasiones le escuché recitar aquella poesía de la que sólo me queda una vaga estrofa.
Sin embargo, todas las noches el abuelo nos contaba cuentos y el que más me gustaba era el de su primera novia, cuando él tenía doce años y paseaba en bicicleta con ella. Comenzaba así: "Ella era suave y hermosa. La cabellera larga y ojos redondos y luminosos. Andaba siempre en bicicleta."
Una noche lo interrumpió el mayor de mis primos:
—Abuelo, no cuente cómo murió esa tarde porque hoy vino a buscarme en bicicleta cuando salía de la escuela.
—Abuelo - dijo mi hermana -, esta mañana dejó la bicicleta apoyada en un árbol y estuvo jugando con nosotros en el patio. Me escondí detrás de sus cabellos y nadie me vio.
—Abuelo —dijo otro de los primos—, tiene los ojos tan grandes que aprendí a nadar en ellos.
—Abuelo —dijo mi única prima—, ella lo está esperando.
Y con un tijera le cortó la barba, la quemó con la llama de un fósforo y en el humo apareció una bicicleta. El abuelo sonrió, luego bajó las escaleras pedaleando y al llegar a la calle se encontró con su novia.
Yo soy testigo de aquello. Todos lo somos. Todos vimos al abuelo irse en bicicleta.
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© 2007, Gloria Melania Rodríguez.
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SEMEN DE TU SEMEN - Roberto Quezada
Yo caminaba por la acera sin miedo, porque uno no tiene miedo cuando camina dormido. Y a mí no me habían dormido sino que yo me había dormido. Dormido en la cama pero yo también sabía que me poseía ese terrible deseo de caminar dormido. Ya muchas veces me habían despertado y no me había muerto, por eso digo de que uno es sonámbulo pero no es tonto. Y a mí me iban a matar por nada, por parecerme con mi hermano, por eso, una de tantas veces que regresé a mi cama, la cama estaba perforada a cuchillazos, ellos creían que allí estaba mi hermano. Y no, era yo que no estaba, que andaba caminando por la calle, por la cuadra.
Y fue por eso que me capturó inmigración, la migra como dicen por aquellos lados, dormido. Ellos me pidieron documentos pero yo dormido y en pijama era dificil que se los diera. Me empujaron, pero no me desperté, era un día, porque siempre hay un día, en que el sonámbulo es más duro de despertar. Yo sé, porque el sonámbulo sabe, no en el momento sino después de varios días de que la información se le archiva en el cerebro, que la patrulla me detuvo sin motivo alguno, el único era porque yo estaba dormido. Uno de los patrulleros dijo: "Éste ha consumido más drogas que los rockeros". Apreciación fallida porque yo detesto el rock. Yo, sin un papel encima de mí, me quedé allí, esperando. "¿Éste que hizo?", preguntó alguien. Otro contestó: "Andaba en pijama y no contestó el llamado, además, no protestó cuando lo arrestamos, eso lo hace más sospechoso. El que calla protege a otros delincuentes". Y calló.
Yo alcancé a decir "soy sonámbulo", pero nadie me escuchó. El policía de la recepcion preguntó mi edad. Al ubicarle mis 23 dijo que era obligatorio inscribirme en el ejército e ir a la guerra. Y estaba en la fila para anotarme cuando escuché que quien atendía tenía un acento de español de España, y muy alegre le dije: "Oye, estoy en Estados Unidos, sonámbulo, yo creo que sin intención me crucé la frontera, que está allí cerca, y ahora me quieren enviar a la guerra". "Vamos, tío, yo no estoy aquí para clasificar quien va o no a la guerra si no para tomar datos. Además, no seas cobarde, si vives aquí, por la condición que sea, retribúyele a este país mínimamente yendo a la guera... Ya volverás y todo será maravilloso, héroe y con todos los privilegios... ¡Imáginate tú en la tele!"
Y desesperado y furioso le grité: "Mira, gachupín de mierda, yo lo que te estoy pidiendo es visa para España porque soy semen de tu semen o por lo menos que me despiertes". Y allí el sonámbulo se despertó pero esa noche no había caminado.
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© 2007, Roberto Quezada.
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Y fue por eso que me capturó inmigración, la migra como dicen por aquellos lados, dormido. Ellos me pidieron documentos pero yo dormido y en pijama era dificil que se los diera. Me empujaron, pero no me desperté, era un día, porque siempre hay un día, en que el sonámbulo es más duro de despertar. Yo sé, porque el sonámbulo sabe, no en el momento sino después de varios días de que la información se le archiva en el cerebro, que la patrulla me detuvo sin motivo alguno, el único era porque yo estaba dormido. Uno de los patrulleros dijo: "Éste ha consumido más drogas que los rockeros". Apreciación fallida porque yo detesto el rock. Yo, sin un papel encima de mí, me quedé allí, esperando. "¿Éste que hizo?", preguntó alguien. Otro contestó: "Andaba en pijama y no contestó el llamado, además, no protestó cuando lo arrestamos, eso lo hace más sospechoso. El que calla protege a otros delincuentes". Y calló.
Yo alcancé a decir "soy sonámbulo", pero nadie me escuchó. El policía de la recepcion preguntó mi edad. Al ubicarle mis 23 dijo que era obligatorio inscribirme en el ejército e ir a la guerra. Y estaba en la fila para anotarme cuando escuché que quien atendía tenía un acento de español de España, y muy alegre le dije: "Oye, estoy en Estados Unidos, sonámbulo, yo creo que sin intención me crucé la frontera, que está allí cerca, y ahora me quieren enviar a la guerra". "Vamos, tío, yo no estoy aquí para clasificar quien va o no a la guerra si no para tomar datos. Además, no seas cobarde, si vives aquí, por la condición que sea, retribúyele a este país mínimamente yendo a la guera... Ya volverás y todo será maravilloso, héroe y con todos los privilegios... ¡Imáginate tú en la tele!"
Y desesperado y furioso le grité: "Mira, gachupín de mierda, yo lo que te estoy pidiendo es visa para España porque soy semen de tu semen o por lo menos que me despiertes". Y allí el sonámbulo se despertó pero esa noche no había caminado.
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© 2007, Roberto Quezada.
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Y a todos los escritores de lengua española, sin importar la nacionalidad, los invitamos a participar en este proyecto: envíe un texto breve, en cualquier género literario, con nombre, dirección y una breve ficha biográfica. Si el texto ya fue publicado, requerimos también la información bibliográfica. Escríbanos a: libros(arroba)one-arrow.com.
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