8.2.08

LOS AMANTES - Manuel Orestes Nieto

Fue inmensurable e intensa la vida para ambos.

Llegaron a conocerse hasta límites insospechados, tanto que muchas veces traspasaban las leyes normales de la naturaleza. No es que fuesen telépatas o tuviesen poderes extraordinarios. Simplemente fueron ganando en profundidad y certidumbre con los años. Sin mediar palabras, ella contestaba con certeza lo que él pensaba preguntarle y viceversa. El deseaba algo y en poco tiempo ella le complacía como si lo hubiese escuchado. Sabía el instante en que él abriría la puerta antes de que llegara. Podían saberlo casi todo uno del otro, en un ahorro de comunicación verbal, como si por otra forma de percepción tuviesen conocimiento mutuo de sus actos.

La tarde en que se antelaron a los hechos y ambos se miraron sin pestañear, en un instante anudado y cruel, tampoco fueron necesarias las palabras. Al unísono supieron lo que acontecía y juntos odiaron esa ganada capacidad que tanto tiempo les ahorró en la vida.

En la noche, ella, ecuánime, rompió el silencio y dijo: —Qué terrible, ¿no te parece?.

El contestó: —No es fácil saber que moriré así.

Y ella, como si su cuerpo levitara, flagelado por el insoportable dolor, añadió:

—Sí, tanto como lo imposible que será seguir viva después.


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© 2008, Manuel Orestes Nieto
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1 comentario:

Noe Baryn dijo...

Hay metafisica y magia, psicologia y otra vez magia, o sea misterio y sorpresa. Tambien hay tecnica y oficio indudables. Es un bello cuento. Nos lleva a lo mas elemental y trascendente de las relaciones de pareja. ? Mistica erotizada? ?Metafisica de alcoba? !Que importa! No clasifiquemos. Dejemos simple constancia de nuestra momentanea perplejidad y disfrute.
El texto surgiera varias cosas, entre ellas: el amor es posiblemente mas potente que toda verbalizacion. Secretos de la intuicion pura. Parafraseando a un astronomo diriamos que: el universo es mas extrano de lo que podemos imaginar. Y el hombre es parte del universo, el ser mas raro de la creacion. Gracias por brindarnos una lectura tan refrescante. Noe Baryn