11.1.08

EL PERFUME - Isabel Herrera de Taylor

El juicio fue corto. El jurado formado por tres hombres y tres mujeres lo declaró inocente. ¿Y por qué no? Reunía todas las condiciones para serlo: joven, esbelto, ojos claros, una larga cabellera, una sonrisa inocente y la ausencia del cuerpo del delito.

El hombre, después del juicio, regresó a la casa que reclamó en herencia. El edificio de principios del siglo XX era una joya arquitectónica. Mármol en los pisos, azulejos en los baños, balcones con barandillas de hierro forjado y un pequeño pero hermoso jardín. Era el único bien que la muerta había poseído. La calidad de los muebles, la armonía de los colores y la disposición de los adornos señalaban el buen gusto de la difunta.

Los vecinos le informaron de una fragancia que emanaba de la casa. Se sonrío y guardó silencio. Al traspasar la puerta sintió el perfume y le pareció ver a la mujer sentada en el sofá de la sala; tenía en el rostro una sonrisa impertinente. Mientras subía la escalera, rechazó la imagen de ella caminando por el pasillo. En el aposento, al mirar la cama matrimonial, la memoria le trajo cada ángulo de su cuerpo, y en la noche la vio desnuda provocándolo.

Decidió vender la propiedad, pero los posibles compradores se arrepentían después de visitar la mansión. Una clienta aseguró que la había visto desmayada en la cocina. Otro señor dijo: "¡Me es imposible respirar ese perfume todo el día!".

La mala fama de la casa lo arrastró consigo. Ambos envejecían muy rápido: el rostro, antes terso y juvenil, se tornó arrugado; perdió la atlética musculatura, se le enredó el cabello y una barba descuidada le crecía. Al mismo tiempo la estructura se estropeaba: se le rompieron los cristales, los pisos de los balcones se desplomaban.

Los del vecindario lo vieron hablar a solas. Él les dijo que hablaba con la muerta. Solía encontrarla sentada en las sillas del jardín. Cansado de sufrir, le gritó que contaría el crimen. Invitó a los vecinos a la entrada principal y narró la historia: el veneno utilizado con sumo cuidado, la coartada y el por qué del perfume. Entró a lo que fue su antiguo hogar y cerró las puertas. Para horror de los presentes, la arruinada casa se derrumbó con él adentro.

Lo único intacto de lo que fuera un hermoso lugar, aun pasado mucho tiempo, sería el arbusto de jazmín debajo del cual había enterrado el cadáver.


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© 2008, Isabel Herrera de Taylor
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2 comentarios:

enrique dijo...

La habilidad cuentística de Isabel Herrera de Taylor no da tregua. Resulta que si un cuento suyo no es bueno, es magnífico. Como "El perfume", hasta ahora inédito. Ella tiene una finura para crear atmósferas, para entregarnos tramas aparentemente sencillas que al final nos sorprenden. Sus dos libros --"La mujer en el jardín y otras impredecibles mujeres" y "Esta cotidiana vida"-- representan una de las adquiciones más notables de la bibliografía narrativa femenina de Panamá en años recientes. Recomiendo su lectura.

Enrique Jaramillo Levi

j4ur14 dijo...

me gustó mucho!! por alguna razón me recuerda al Corazón delator de E. A. Poe.

Saludos, P.