21.12.07

VERSIÓN PIADOSA - Moravia Ochoa López

Bella mía, esta mañana te he mirado, te han observado mis ojos, mis sentidos todos, mi sangre te ha mirado con ternura, mi cabeza en tu piel se ha reclinado, y esa dulzura de los últimos días ha vuelto a estremecerme, estás al borde del milagro, tiene que ver conmigo. Amor, te he dicho, amor, cuídate mucho, y he marchado al trabajo.

Ahora he regresado, estoy de vuelta y tú permaneces frente a mí, compartiendo este pan, esta agua, este pecado de robarte desde dentro de mi corazón, y te estás quieta, quieta, y luego te levantas, qué ingrávida pareces, tus pasos de osa madre me dan dos versiones de ti: la frágil que tú eres, la tan suave, la tan amada y fina, la tan madura y otra, a la que puede todo, en fin.

Mujer, tú caminas con pasos pausados hacia la cocina, apagas todos los fogones, colocas cada plato en sus sitio, cada taza, limpias despacio todas las humedades, te entregas al trabajo sin doblar la espalda, hasta en el cansancio permaneces como una hermosa columna, estás como una copa en la que se ha bebido tantas veces y permanece intacta.

Mujer, esta mañana y ahora te he mirado, están las telas nuevas en la mesa, ahora buscas hilo, tijeras, recortas, cortas, emparejas, enhebras las agujas, luego detienes sobre mí tus ojos, mujer yo te he mirado y me has mirado.

Bella mía, quédate así conmigo, vuelve a poner tu mano sobre mi hombro, no regreses a las agujas, deja vasos y platos. Deja el libro en la cama, y tú, como si percibieras el curso de mi súplica, desde tu corazón te has levantado, caminas por la sala como si fueras el ángel de mi guarda, dejas que caiga la intimidad de las cortinas, nos situamos en un mundo perfecto, sólo habitado por nosotros, amor: me has escuchado.

Aquí sobre mi pecho, qué dulce peso tuyo, qué tibios tus frescores, qué música tu voz que hace silencio y habla.

Ella por fin lo amarra entre sus brazos. Mujer que eres delgada, ¿por qué te anchas así tan gravemente, qué te callas?

Y con esos dos ojos que toda la desnudan, ella lo mira mansamente, pone la mano de él sobre su vientre para decirle el hijo que vendrá.


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© 2007, Moravia Ochoa López
Tomado de "En la trampa y otras versiones inéditas" (INAC, Panamá, 1997)
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